El cine de animación, conocido popularmente como dibujos animados, es una categoría cinematográfica definida principalmente por la técnica visual utilizada para crear movimiento, y no por el tipo de historia que se cuenta. A diferencia del cine de acción real, la animación construye cada escena fotograma a fotograma mediante ilustraciones, modelos físicos o imágenes generadas por computadora. Por ello, cualquier producción audiovisual que utilice estas técnicas —ya sea animación tradicional en 2D, animación digital en 3D, stop motion, CGI o motion capture estilizada— se considera una película o serie animada siempre que los personajes y mundos mantengan un estilo caricaturesco de colores, sin importar si su temática pertenece al terror, la comedia, la aventura, la fantasía o la ciencia ficción.
Sus antecedentes se remontan a finales del siglo XIX, con experimentos que buscaban recrear la ilusión de movimiento mediante dispositivos como el zoótropo y el praxinoscopio. Con el desarrollo del cine en el siglo XX, estas técnicas evolucionaron hacia producciones más complejas y narrativas más elaboradas. La incorporación del sonido, el color y posteriormente la animación digital consolidó a la animación como una de las formas más versátiles y populares del entretenimiento audiovisual.




