El cine de fantasía se sostiene sobre la creación de universos donde la realidad cotidiana es sustituida por un sistema de reglas imaginarias. Para categorizar una obra dentro de este género, debemos identificar un sistema de lógica interna —ya sea un cuento de hadas, un mundo mítico o una cosmogonía compleja— que desplace la realidad convencional y establezca nuevas leyes para la existencia.
En este contexto, el género también puede manifestarse a través de variaciones estéticas o tonales que amplían la experiencia de lo fantástico. Entre los ingredientes más comunes se encuentran los mundos oníricos o alucinatorios, donde la narrativa se desarrolla como un sueño, una pesadilla o una dimensión mental; los universos distorsionados o invertidos, donde la lógica del mundo real se subvierte —como en los relatos inspirados en Alicia en el país de las maravillas—; las fantasías oscuras o góticas, donde criaturas sobrenaturales, atmósferas sombrías y elementos macabros conviven con estructuras propias del cuento fantástico; y los mundos imaginarios trasladados al cine mediante personajes reales, como ocurre en adaptaciones de animación o universos estilizados que convierten escenarios imposibles en espacios tangibles.
En todos estos casos, lo que define al género no es solo la presencia de criaturas mágicas o poderes sobrenaturales, sino la inmersión del espectador en una realidad alternativa donde lo imposible se convierte en norma.


