El paso evolutivo del homínido al Hombre Moderno (Homo Sapiens)

Actualización: marzo 24, 2026


Todo este proceso evolutivo se puede decir que inicio con la extinción masiva ocurrida al final del período Cretácico, hace 66 millones de años, en donde la caída de un meteorito de más de 10 kilómetros de diámetro, impactó la actual Península de Yucatán (México), acabando definitivamente con los dinosaurios, abriendo espacio a nuevas especies de animales. Como los mamíferos del cual surgieron los placentarios que empezaron a ubicar nuevos hábitats como los arboles, que hasta en ese momento eran desconocidos para esa especie. Propiciando así las radiaciones adaptativas explicadas en el artículo “Evolución de los mamíferos al primer homínido”.

Lo que daría un paso a una nueva especie de protoprimates (Purgatorius y arborícolas), que terminarían evolucionando en el Propliopithecus zeuxis, el representante más conocido de la orden de los primates hasta culminar en el primate superior, conocido como el Ardipithecus Ramidus.
Luego con la falla en el valle del Rift, es cuando los homínidos se separan definitivamente de los primates superiores, esto gracias a que evolucionaron de acuerdo al modelo alopátrida, segun el cual, probablemente el bipedismo sería un factor clave en el desarrollo de su cerebro y su nueva adaptación. Permitiéndoles salir de África y explorar otros continentes…



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El Despertar de la Humanidad: La Gran Fractura del Rift ★★★★★

Durante aquella época, se desplegaría una segunda etapa evolutiva debido, en gran parte, a la fractura geológica que se venía presentando en el Este de África. Esta falla tectónica sería la responsable de que, en esta porción del continente, el clima se volviera drásticamente más seco que en el Oeste. Indudablemente, bajo estas condiciones se empezaría a formar una extensa sabana, caracterizada por una gran escasez de lluvias, altas temperaturas y escasa vegetación. Este cambio terminó perjudicando al homínido Ardipithecus Ramidus, quien venía disfrutando de una alimentación basada primordialmente en recursos arborícolas y vegetales. Con las largas sequías que empezaron a surgir, los árboles disminuyeron su follaje hasta trasladar su fisonomía a la de arbustos de menor tamaño. Los frondosos bosques para ese entonces habrían desaparecido, siendo sustituidos por pastizales y bosques de estación seca.

Esta situación climática llevaría a que aquellos ejemplares de la propuesta biológica que continuaron viviendo en el “lado Este” empezaran a cambiar radicalmente para adaptarse a su nuevo ecosistema. Bajo esta premisa, el proceso fue muy diferente para las poblaciones de Ardipithecus Ramidus que habitaban al Oeste del Rift. Estas últimas continuaron gozando de condiciones climáticas tropicales, con abundante lluvia y una temperatura cálida con pocas variaciones. Dicha estabilidad permitió que se conservara su gran vegetación, la cual fue aprovechada por sus descendientes más directos: los actuales chimpancés, gorilas y orangutanes, entre otros.

La Ingeniería Climática del Rift y la Teoría de Coppens


Es así como llegamos a una turbulenta era que empujó la evolución de los humanos hacia finales del Mioceno (hace entre 23 y 5 millones de años). Este relato tendría lugar en lo que hoy conocemos como el Gran Valle del Rift, la cuna de la humanidad. Todo se inicia con un gran enfriamiento que termina afectando el clima de África, ya que las corrientes de aire frío y menos húmedo en verano empezaron a perjudicar los bosques tropicales del este del continente. Consecuentemente, esto favoreció la extensión de los espacios abiertos de sabana y llevó a conformar la gran falla del Rift. El resultado fue la elevación de África Oriental con la formación de cadenas montañosas, las cuales fueron impidiendo que los vientos alisios, mezclados con los procedentes del Atlántico, descargaran lluvia como lo habían venido haciendo, produciendo un desecamiento del Este y la expansión de la sabana.

Una explicación bien sustentada sobre esta falla natural fue la sintetizada por el paleontólogo francés Yves Coppens. El investigador explicaba que, hace alrededor de 8 millones de años, una crisis tectónica —entendida como una deformación de la corteza terrestre— produjo el gran Valle del Rift. Este evento reveló un clima húmedo que mantuvo los ecosistemas selváticos de la cuenca del río Congo, mientras que al Este se originó un clima seco que dio paso a las sabanas, caracterizadas por un estrato herbáceo y unos pocos árboles diseminados. Con aquel planteamiento, Coppens traza su teoría “East Side Story” (historia del lado este), llegando a las mismas conclusiones que otros científicos interesados en el eslabón perdido del origen del Hombre (género Homo).

El Descenso de los Árboles y la Nueva Morfología


Resulta que aquellas especies de primates superiores que habitaban en la parte Este de África fueron las que debieron soportar aquel cambio de clima. Por consiguiente, en algunos de ellos se verificaron mutaciones que descifran la aparición de nuevas especies cada vez más cercanas a la nuestra. Este proceso les llevaría un tiempo, durante el cual la pieza u objeto de análisis dejaría los árboles para bajar a la tierra en busca de nuevas fuentes de alimento. No obstante, la hipótesis del descenso de los árboles sugiere que estos animales tuvieron que enfrentar su nuevo hábitat y bajar al suelo, volviéndose más vulnerables. Al mismo tiempo, mejoraron su capacidad de incorporarse sobre las patas traseras para observar mejor su entorno, lo que les evitó ser presa fácil de depredadores y les permitió desplazarse entre árboles o recurrir a alimentos distintos a los acostumbrados.

En este proceso se obtuvo una nueva evolución derivada del cambio de clima, la vegetación y las nuevas fuentes de alimento. Estos factores determinaron variaciones morfológicas y sociales que destilan la separación definitiva de los primates superiores para conformar la verdadera especie de homínidos. Al empezar a cambiar su dieta en sus recorridos por las sabanas, encontraron alimentos más duros como raíces y semillas. Indudablemente, esto les hizo desarrollar una dentadura más potente, originándose la línea evolutiva de los Parantropos y los Australopithecus, con cráneos robustos ocasionados por esta especialización alimentaria.

Bipedismo y el Surgimiento del Género Australopithecus


Estos nuevos homínidos empezaron a perder el pelaje corporal y su cola, pues la postura erguida ayudó a reducir el área expuesta a los rayos solares y a aumentar la refrigeración corporal. Este mecanismo de caminar y mantener la postura erguida, conocido como bipedismo, les facilitó escudriñar el territorio, dado que la hierba de la sabana era muy alta, alcanzando incluso más de un metro de altura. Bajo esta premisa, obtuvieron un mayor control visual del territorio y un ahorro de energía en sus trayectos, liberando las extremidades anteriores para la manipulación de objetos. Este avance, a su vez, propició el desarrollo cerebral, mejorando su habilidad como especie. Así, en la edad del Plioceno, aparece el primer homínido bípedo llamado Australopithecus, con el cual se originarían los primeros especímenes del género Homo.

El proyecto evolutivo de este homínido presentaba una gran diversidad de especies coexistiendo, entre ellas el Australopithecus Anamensis y el Australopithecus Afarensis. Algunos investigadores los catalogan en un género aparte llamado Paranthropus debido al tamaño de sus colmillos y su cara plana. Dichas especies vivieron en Kenia y Etiopía, manteniendo un tamaño similar al de los monos, con una combinación de morfología humana y simiesca. Su cráneo era pequeño, de unos 365-370 cc, similar al de primates superiores más antiguos como Sahelanthropus tchadensis o el Ardipithecus Ramidus. De ambas, la que duraría más tiempo sería el Australopithecus Afarensis, que ya caminaba de forma bípeda y había cambiado totalmente la dieta de sus antepasados.

Lucy y el Élan Genético hacia el Género Homo


El Afarensis incluyó vegetales que requerían una masticación más intensa e incrementó su dieta carnívora, recogiendo insectos, gusanos, pequeños animales, huevos, miel, lagartos, moluscos, peces y crustáceos, entre otros. De esta propuesta biológica surge el fósil más famoso del mundo: Lucy, hallada en la región de Afar, Etiopía. Se obtuvo el esqueleto más completo con un 40% de sus huesos (52 piezas) preservados. Los estudios indican que era una mujer adulta de 20 años, de un metro de estatura, que murió al caer de un árbol de 12 metros de altura. Este homínido ya poseía un germen de creatividad genial, el élan genético o impulso que le permitió no estancarse ante las adversidades.

Finalmente, llegamos al Australopithecus Africanus (mono del sur de África), anatómicamente similar al Afarensis pero con un cráneo más redondo, un cerebro más grande y dientes más pequeños. Sin embargo, esta especie terminaría desapareciendo debido a un cambio climático que produjo un gradual enfriamiento y aridificación de los ecosistemas africanos. Consecuentemente, este hecho dio paso a otras formas como el Bahrelghazali, Deyiremeda, Garhi y el Australopithecus sediba. Tras millones de años, estas formas evolucionarían para encarnar el género Homo, siendo hasta el momento el antepasado más probable de la línea que condujo hasta los seres humanos.

El Proceso de Homonización (sapiens, neandertales y denisovanos) ★★★★★

Esta etapa inicia con el proceso de hominización, el cual despliega los cambios evolutivos que tuvieron lugar en los miembros del orden de los primates y, especialmente, en la familia de los homínidos hasta desembocar en la especie humana actual (Homo sapiens sapiens). Como resultado, se obtiene el género Homo, término acuñado por Linneo para diferenciar a la superfamilia Hominoidea actual. En su origen, esta propuesta abarcaba no solo a los Homo sapiens, sino también al Homo troglodytes, una especie que incluía tanto a chimpancés como a orangutanes.

Indudablemente, se estableció así una clara clasificación que hacía referencia a las especies consideradas humanas o que llevan el apelativo de “hombre”. Este género Homo se diferenciaba de sus antecesores por tener tamaños cerebrales superiores a los 600 cc, lo que les permitió desarrollar mejor sus capacidades cognitivas y su inteligencia. En cuanto a su anatomía, el tamaño de su mandíbula disminuyó, al igual que sus dientes, especialmente los premolares y molares. Por consiguiente, los ejemplares conservaron su esmalte dentario grueso al incluir carne en su dieta, pues empezaron a alimentarse de animales muertos que descuartizaban con piedras de cuarzo, convirtiéndose en omnívoros y carroñeros que aprovechaban los restos de otros depredadores.

La Transición al Homo Habilis y el Salto Cognitivo


Esta gran transición tuvo sus inicios entre los 2,5 y 2 millones de años, antes de que se produjera la extinción de los Australopithecus. Se dio espacio así a este nuevo homínido, que tenía el doble de capacidad craneal que sus ancestros, una frente más convexa, el arco supraorbitario menos pronunciado, una cara alta y una mandíbula menos espesa. Estos homínidos serían conocidos como los Homo habilis, apareciendo en la mitad del periodo del Pleistoceno y habitando las mismas zonas del sureste de África que los Paranthropus Boisei y los Australopitecos, en especial los Afarensis y Africanus.

Bajo esta premisa, la diferencia fundamental fue que estos lograron adaptarse mejor al clima extremadamente seco, mejorando su forma de alimentarse para aumentar su capacidad craneal. Pudieron adaptarse sin necesidad de trasladarse hacia otros continentes, a diferencia de otras especies como el Homo ergaster, que sí se marchó buscando un lugar sin sequía. Se piensa que estos animales fueron los primeros carroñeros y sería esta proteína la clave para el aumento cerebral. Consecuentemente, gracias a esa capacidad cognitiva, fueron capaces de construir herramientas de piedra tallada para cazar y para el día a día, razón por la cual se le llamó Homo habilis (humano hábil).

La Evolución del Homo Ergaster y el Dominio de la Técnica


La habilidad que mantenían en aquel momento, gracias al paso evolutivo de la bipedestación y el aumento craneal, les llevó a poder comunicarse por sonidos, sin ser aún capaces de usar el lenguaje. No obstante, esto conllevaría a que más adelante formaran una sociedad con jerarquía, liderada por un macho alfa y grupos con tareas diferenciadas. Al desaparecer los árboles que servían de refugio debido a la sequía, comenzaron a vivir en cuevas, permaneciendo en la tierra casi 800 mil años. Mientras tanto, el Homo ergaster salió de África hacia Asia (Java y China), Europa y el Próximo Oriente (Georgia e Israel).

Este proceso produciría la diferenciación de dos linajes: Homo erectus en Asia y Homo antecessor en Europa. Indudablemente, el inicio se estima con el Homo ergaster entre 1,9 y 1,4 millones de años, en el Calabriense, periodo en el que coexistió con el Homo habilis. Para aquel momento, el objeto de análisis presentaba mejoras genéticas: ya no poseía el pelaje abundante del Habilis y se había terminado con el dimorfismo sexual. Machos y hembras tenían tamaño y peso similar a los humanos modernos, midiendo entre 1,60 a 1,80 metros y pesando entre 52 y 68 kilogramos.

Cerebrización y el Surgimiento del Homo Erectus


En cuanto a su capacidad craneal, su cerebro sufrió un aumento importante rondando los 850 cm³, lo que les permitió desarrollar el neocórtex para razonamientos lógicos, imaginación y abstracción. Por consiguiente, desarrollaron una industria lítica avanzada, fabricando hachas de piedra con lajas de doble filo (fabricación achelense) y herramientas bifaciales. Esta habilidad cognitiva facilitó el lenguaje articulado para la cooperación y especialización en tareas como la caza y el fuego. Trasladando su existencia a lugares más fríos y ampliando su dieta al cocinar alimentos, evolucionaron de Homo ergaster a Homo erectus.

La pieza u objeto de estudio fue el primer homínido en tener proporciones parecidas a las humanas: piernas largas y brazos cortos, caminando totalmente erguidos con un sistema músculo-esquelético robusto. Considerado “el primer corredor” por el paleoantropólogo Andy Herries, el Homo erectus poseía una capacidad craneal de entre 900 cm³ a 1200 cm³. Bajo esta premisa, desarrolló las áreas de Broca y Wernicke, relacionadas con la comprensión del lenguaje, permitiéndole un protolenguaje de gestos o enunciados sencillos. Este proceso de cerebrización facilitó la organización en bandas de cazadores-recolectores con distribución social entre machos (caza) y hembras (recolección).

El Declive del Erectus y la Emergencia del Antecessor


Con el dominio del fuego, se da inicio a una civilización asociada a la protección del frío, habitando cavernas y usando pieles de animales. Se inició la dispersión por Europa y Asia hasta que la especie desapareció por su mínimo esfuerzo y conformismo, según la Universidad Nacional Australiana en 2014. Consecuentemente, desaparecieron hace 120,000 años en la isla de Java por el cambio climático que transformó los bosques en selva tropical. Russell Ciochon, en 2008, explicó que el Homo erectus no se adaptó a las nuevas especies de plantas y animales. No obstante, las poblaciones en Europa no sufrieron igual y divergieron hacia el Homo antecessor.

El Homo antecessor guarda grandes similitudes con el humano actual: frente y cejas similares, mandíbula delgada, pómulos ahuecados, nariz protuberante y dientes parecidos a los nuestros. Eran altos y fuertes (60-90 kg) y su cintura escapular era similar al hombro del Homo sapiens, aunque perdieron capacidad para trepar. Su capacidad craneal superaba los 1,000 cm³. Indudablemente, aunque innovaron en herramientas respecto al Homo habilis, no superaron al Ergaster; sin embargo, usaban sus herramientas para el canibalismo territorial, obteniendo proteínas extra para el cerebro.

El Ancestro Común de las Tres Humanidades


Finalmente, ocurrió la divergencia donde una parte de la población de Homo antecessor dejó África para llegar a Europa y Asia. Así, las tres poblaciones de la pieza evolutiva evolucionaron por separado siguiendo caminos diferentes, dando lugar a tres humanidades: los Neandertales en Europa, los Denísovanos en Asia y nuestra propia especie, los Homo sapiens en África. Este proceso consolida al Homo antecessor como el último ancestro común del Homo sapiens, el Homo neanderthalensis y el Homínido de Denísova.

El hombre moderno y la expansión de la humanidad ★★★★★

Esta última etapa inicia con las nuevas especies que formarían parte del hombre moderno, las cuales, por regla general, contaban con la misma anatomía que las poblaciones humanas de la actualidad. Indudablemente, estos grupos desarrollaron lo que se conoce como un comportamiento moderno, derivado de una capacidad cerebral que sería clave en su despliegue social y en su habilidad para afrontar los nuevos retos que le imponía la naturaleza. Esta aptitud cognitiva sería la que llevaría a la propuesta biológica a adaptarse a su cuna natal (África) o a emigrar hacia otros rincones en busca de sitios con un clima más adecuado para su supervivencia.

Por un lado, el grupo de los Homo antecessor que habían llegado a habitar en Siberia y el Este de Asia conformaría un conjunto que más adelante se conocería como los Denisovanos. Este relato se sustenta en los hallazgos de fósiles encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia, Rusia. Estos presentaban algunos rasgos comunes con sus contemporáneos, los Homo sapiens y neandertales, poseyendo un gran arco dental similar al de los humanos modernos y una apariencia muy cercana a los neandertales, incluida la frente inclinada, la cara larga y la pelvis grande. En cuanto a su capacidad craneal, no se tiene una estimación precisa, pero se cree que era similar a la de sus parientes europeos.

Los Denísovanos: El Gen EPAS1 y la Adaptación al Tíbet


Según estudios científicos, los Homínidos de Denísova vivieron a una gran altura en el Tíbet, transmitiendo un gen que ayudaría a su especie a hacer frente a elevaciones similares. Se trata del gen EPAS1, una variante que los tibetanos y sherpas modernos heredaron y que descifra su capacidad para sobrevivir en condiciones extremas. Este componente genético actúa como un regulador maestro en la respuesta del cuerpo a los bajos niveles de oxígeno, permitiéndoles adaptarse mejor a altitudes elevadas y protegiéndolos de la hipoxia, una condición donde los tejidos se ven privados de este elemento vital.

Bajo esta premisa, esta especialización les llevó a poseer un sistema inmunológico que estuvo parcialmente codificado y reforzado. No obstante, a pesar de esta ventaja evolutiva que sintetiza una resistencia física asombrosa, no fue suficiente para lograr sobrevivir en entornos donde la alimentación pudo haber sido escasa, llegando a desaparecer hace unos 50.000 años. Por otro lado, la otra migración involucró al grupo de Homo antecessor que se estableció en Europa hace 800.000 años, evolucionando hacia el Homo heidelbergensis, que a su vez daría lugar al Homo neanderthalensis, el único homínido originado en Europa (230.000 – 28.000 años).

Anatomía Neandertal y el Desafío del Lóbulo Frontal


El Homo neanderthal era más fuerte que el Homo sapiens, con un pecho y una cadera más corta, aunque poseía extremidades reducidas. Su rostro revela una nariz prominente, pómulos hundidos, frente más alta, dientes pequeños y barbilla pronunciada. Consecuentemente, su capacidad craneal era algo superior a la nuestra (1.500 – 1.600 cm³), pero con un cerebelo reducido que dificultaba la capacidad cognitiva y social. La región frontal de su cerebro, encargada del habla, estaba menos desarrollada, mientras que la parte posterior, dedicada a los sentidos, estaba más avanzada, lo que le permitió sobrevivir a cambios bruscos de clima y evitar depredadores.

Indudablemente, su anatomía derivada de la adaptación le llevó a resistir glaciaciones y organizar sociedades complejas que cuidaban de enfermos y rendían culto a sus muertos. Sin embargo, investigaciones de la revista Scientific Reports sugieren que su extinción pudo ser causada por un desarrollo cerebral desigual, dejando el lóbulo frontal izquierdo más reducido. Esta área es esencial para controlar el lenguaje y la toma de decisiones cruciales. Por consiguiente, sumado a una posible mutación que les restó un 40% de probabilidades de reproducirse, la pieza evolutiva desapareció hace entre 40.000 y 30.000 años, poco después de la llegada del sapiens.

Homo Sapiens: El Lenguaje Complejo y el Gen FOXP2


Entra entonces en el escenario el Homo sapiens, evolucionando en África hace 100.000 años desde su ancestro común, el Homo antecessor, pasando por el Homo rhodesiensis hasta el hombre sabio. Esta propuesta biológica destila una capacidad craneal de entre 1.200 y 1.400 cc, lo que fue determinante para que se formara el gen FOXP2. Este gen está intrínsecamente ligado a la capacidad de entender y producir un lenguaje complejo, lo que traslada a nuestra especie una ventaja comparativa sin precedentes. Gracias al FOXP2, el sapiens pudo comunicarse con fluidez en su tribu, aprendiendo a tener más consciencia y a ser más razonable al tomar decisiones.

En cuanto a su apariencia, este objeto de análisis sigue patrones exclusivos: cara vertical, pequeña y estrecha, con un cerebro altamente desarrollado. Su anatomía presenta piernas más largas que los brazos, columna vertebral con curvaturas de estabilidad y el foramen magnum desplazado hacia el frente para facilitar la visión erguida. Bajo esta premisa, sus pies se modificaron para la carrera y sus manos adquirieron la “pinza” mediante pulgares oponibles. El Homo sapiens aprovecharía regiones desde selvas hasta desiertos, hasta que la explosión del volcán Toba en Sumatra redujo la población a unas 1.000 parejas. Finalmente, como proponen Axel Timmermann y Tobias Friedrich, la dispersión fuera de África estuvo marcada por cuatro migraciones ligadas a cambios climáticos helados que traza el mapa de nuestra historia actual.

El Homo sapiens sapiens y sus últimas migraciones (el Estrecho de Bering) ★★★★★

Llega una era marcada por unos fríos intensos con una temperatura ambiente que llegaba a los 7 ºC e incluso mucho menos dependiendo del continente. Como ocurrió en el europeo, en donde notamos que ni los neandertales ni los Denisovanos pudieron afrontar con éxito aquella época helada. Se trataría, sin lugar a dudas, del último periodo glacial o glaciación Würm (Edad de hielo) que se habría vivido hasta el momento, el cual despliega su inicio hace 110.000 años y terminaría hace 12.000, dando paso a las migraciones de los hombres modernos por diferentes continentes.

Indudablemente, esto llevaría a que en algunos Homo sapiens se empezaran a dar nuevas migraciones ocasionadas por la búsqueda de comida, la exploración de nuevos territorios y la lucha por la supervivencia. En este contexto, las disputas morales y sociales se hicieron más frecuentes y fue más fácil encontrar aliados con los que iniciar nuevas expediciones de colonización, facilitadas por las nuevas técnicas de caza. Otros, en cambio, iniciaron el Out of Africa y la expansión humana por todo el planeta, cruzando grandes ríos, desiertos e incluso brazos de mar.

Las Cuatro Ventanas de Dispersión de Timmermann y Friedrich


Esta expansión no fue un flujo continuo, sino que estuvo supeditada a lo que los científicos Axel Timmermann y Tobias Friedrich identificaron como cuatro períodos climáticos distintos que permitieron la salida de África. Bajo esta premisa, el relato de nuestra dispersión se divide en cuatro ventanas de oportunidad: la primera ocurrió hace 106.000-94.000 años; la segunda hace 89.000-73.000 años; la tercera hace 59.000-47.000 años y la última hace 45.000-29.000 años. Durante estos intervalos, el cambio en las órbitas terrestres provocó que el clima en el norte de África y la Península Arábica fuera mucho más húmedo, transformando desiertos en corredores verdes que revelaron el camino hacia Eurasia.

Consecuentemente, estas rutas llevaron a dos sendas distintas: la ruta del norte, cruzando por Egipto y la Península de Sinaí, y la ruta del sur, atravesando el estrecho de Mandeb hasta Yemen. Se considera como más válida la salida por el Sinaí al ser el único paso de tierra firme. Por consiguiente, la ruta sur habría requerido balsas o barcazas, de las cuales no existen pruebas de construcción en aquella época. Aquellas hipótesis se sustentaron en los cambios geográficos de la era glacial (Dryas Reciente), que hicieron descender el nivel de las aguas marinas, abriendo pasos firmes entre África y Asia a través del mar Rojo y el sur de Arabia.

Hibridación Genética y la Diferenciación del Homo sapiens sapiens


Posteriormente, se daría la migración hacia Australia y hacia el norte hasta Siberia. Durante toda esa etapa, los Homo sapiens se introdujeron en una cultura de pensamiento complejo, fabricando herramientas avanzadas y creando arte rupestre. Indudablemente, el cruce entre los sapiens y las poblaciones neandertales en Europa permitió que los primeros adquirieran los genes para mantener niveles adecuados de vitamina D. El 70% de los alelos del gen MC1R que aclararon la piel en los neandertales pasaron a los H. sapiens no africanos, protegiéndolos de la baja radiación ultravioleta.

Este proceso encarna la diferenciación racial de la humanidad, dejando atrás al Homo sapiens negroide para dar paso al Homo sapiens sapiens, del que se deriva el Cromañón como prototipo de raza blanca. Bajo esta premisa, se reconocerían las categorías raciales fundamentales: negroide, caucasoide, mongoloide y australoide. En cuanto a la brecha lingüística, el lenguaje hablado comenzó a diferenciarse de la protolengua, dando espacio a la formación de las distintas lenguas que trazan nuestra diversidad actual.

El Puente de Beringia y el Surgimiento de las Civilizaciones


Con el fin de la glaciación entre los años 14.000 a 12.000, el nivel del mar descendió y dejó al descubierto el puente terrestre de Beringia. La pieza fundamental de esta migración indica que cazadores asiáticos de la especie de Homo sapiens sapiens cruzaron desde Siberia hasta Alaska. Realizando oleadas migratorias hasta el 10 mil a.C., caminaron casi 1.500 km hasta llegar a un continente de gran biodiversidad. Finalmente, ocuparon Sudamérica por El Darién (Panamá), aprovechando un clima provisto de gramíneas y plantas anuales como el maíz, el trigo o la cebada, lo cual sintetiza el inicio de la Revolución Neolítica.

Este periodo llevó a los cazadores-recolectores a cultivar la tierra y domesticar animales en sedes estables. Trasladando esta organización a los primeros núcleos urbanos, surgió Jericó hace el 8000 a.C. con unos 2000 habitantes, quienes perfeccionaron las armas líticas y el lenguaje. Estas sociedades fueron tomando formas de poder gobernadas por jefes y reyes, vinculadas a creencias y conocimientos profundos (Anunnaki). Este proyecto civilizatorio dio lugar a los Sumerios, Acadios, Babilonios y Asirios, hasta llegar a las culturas de Mesopotamia, Egipto, China e imperios americanos como el Inca, Maya y Chibcha.

Evolución del Primate al Homo Sapiens ★★★★★

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