El terror sobrenatural o paranormal es uno de los pilares más influyentes del horror cinematográfico. Este estilo centra sus tramas en fenómenos que desafían las leyes naturales y la ciencia. El miedo surge de entidades o fuerzas invisibles que pertenecen a dimensiones desconocidas. A diferencia de otros géneros, la amenaza aquí no es humana ni psicológica, sino espiritual. Este enfoque apela al miedo universal hacia lo inexplicable y genera una sensación constante de vulnerabilidad frente a lo invisible.
Este subgénero tiene sus raíces en la literatura gótica del siglo XIX y en las primeras películas de casas encantadas. Sin embargo, el cine carecía de una narrativa moderna hasta finales de los años 60. La semilla del diablo (1968) marcó un punto de inflexión decisivo al trasladar lo sobrenatural a un entorno urbano y cotidiano. Poco después, El exorcista (1973) revolucionó el género por completo y consolidó la posesión demoníaca como un tema central. Obras posteriores, como Cementerio maldito, profundizaron en el horror al vincular el dolor humano con fuerzas invisibles.
El terror sobrenatural domina hoy la taquilla mundial gracias a una producción profesional y constante. Películas como Expediente Warren: El conjuro o la saga Insidious han modernizado los sustos clásicos con una factura técnica impecable. Este estilo dejó de ser una curiosidad marginal para convertirse en el producto más rentable de la industria. Actualmente, las historias sobre entidades, posesiones y casas embrujadas llevan la batuta en el cine comercial, demostrando que el miedo a lo inexplicable es el motor más eficaz del terror moderno.







