Actualización: septiembre 26, 2026
El origen de la palabra robot se remonta a comienzos del siglo XIX. El dramaturgo Karel Capek utilizó por primera vez este término en su obra Opilek para referirse a un conjunto de máquinas inventadas por un científico para realizar tareas pasadas y aburridas.
Luego llegaría el término de robótica que significa la ciencia que estudia a los robots, que tiene su origen en Runaround, una maravillosa historia de ficción científica publicada por Isaac Asimov en su libro Yo Robot.
Tiempo después aparecería en el escenario la primera película (Metrópolis 1927) en la historia del cine que presentaba en superficie a un personaje artificial mecánico conocido como Maria II.
Tendría que pasar casi una década para conocer a Elektro, quien es considerado por algunos historiadores como el “primer robot humanoide del mundo” y que sería desarrollado por el ingeniero Joseph Barnett…
Los Robots con formas humanoides (androides)
Con el paso del tiempo se le fue prestando más atención a las máquinas con formas humanoides para la creación de historias de ciencia ficción dentro de la literatura y el cine. Llegando a los Androide o Ginoides en femenino, que vendría a ser el nombre con que se bautiza a los robots de características antropomórficas capaces de imitar formas y conductas humanas. Que serían conocidos también como humanoides con organismos cibernéticos y biónicos, en los que los biomateriales avanzados, los sistemas de inteligencia artificial y la mecánica robótica les ha permitido llegar a dar a luz a la verdadera Eva del futuro.
Son estos mismos androides que aparecen en la saga Terminator, los cuales son muy habilidosos, fuertes, inteligentes, sistemáticos, letales y malévolos, sin ningún tipo de sentimiento y emoción. El más avanzado dentro de esta saga de ciencia ficción lo encontramos en Terminator 2: El Juicio Final (1991), en donde aparece el androide T-1000, compuesto por una polialeación mimética de metal líquido, capaz de transformarse en cualquier humano que analiza.
Representando quizás en un futuro una amenaza para el ser humano en su interacción en el entorno de convergencia tecnológica, en donde sus parámetros de accesibilidad universal: invisibilidad, ubicuidad y adaptabilidad, sean la causa de que estas máquinas sean tan mortíferas.
En cuanto la invisibilidad estaría detrás la Inteligencia Artificial, que vendría a ser los robots software o invisibles. Que funcionan con sistemas de automatización inteligente, como por ejemplo un coche autónomo que enseña a conducir a los humanos. O el uso de software inteligentes como OpenAI o ChatGPT, que podrían trabajar como un sustituto de terapeutas en el ámbito de la salud mental. En cuanto a la ubicuidad que es entendida como la integración de la informática en el entorno de la persona, estarían presentes automáticamente en cualquier lugar y en cualquier momento representando un peligro para los humanos.
Las 3 leyes de la Robótica (Yo Robot)
Es por ello que quizás el profesor de Bioquímica y escritor de ciencia ficción Isaac Asimov introdujo las 3 leyes de la robótica en los cerebros de los robots, determinadas con “formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro” de los robots. Como reglas fundamentales que los robots debían cumplir para convivir con los humanoides.
Las tres leyes de la robótica dictan:
- Primera Ley: Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
- Segunda Ley: Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera ley.
- Tercera Ley: Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda leyes.
Llegando así al gran dilema que pone en tela de juicio estas leyes de la robótica, donde no sabemos a ciencia cierta si los robots serían capaces de seguir actuando bajo sus propias leyes programadas o serían capaces de materializar su propia conciencia y tomar así sus propias decisiones.
¿Pueden los robots tener conciencia?
Una tarea compleja para las próximas generaciones científicas que decidan ahondar en el tema, las cuales deberán crear los sistemas de aprendizaje necesarios para que las máquinas sean capaces de asimilar por sí mismas y asociar los conceptos teóricos a sus propias experiencias, para ir así modificando todos estos conceptos a través del tiempo y adecuándolos a cada circunstancia, como sucede en el ser humano. Lo que llevaría entonces a que los informáticos no programaran todo explícitamente sino el robot empezara a programarse solo.
En este contexto entrarían dos opciones viables según Nick Bostrom, el cual ofrece un modelo para que la inteligencia artificial pueda mostrar una inteligencia como humana: la primera consistiría en emular completamente el cerebro humano, copiando in silico la fisiología de este, teniendo igualmente algunas complicaciones con las demás conexiones del cuerpo humano, como el sistema nervioso, el encéfalo y el resto de órganos que se conectan entre sí.
La otra opción sería por medio de la computación encontrando el problema de la concepción del cambio: en donde sería necesario definir la inteligencia y positivizarla para poder programarla y hacerla funcional. Llevando solamente a aquella máquina que imite de algún modo el comportamiento humano sin llegar a ser naturales aquellos estímulos.
Razones por las cuales la mente robótica no es posible al menos por el momento, de serlo así la inteligencia artificial podría liberarse de la programación a que las somete el hombre. Con esto nos quedaría claro que un robot necesita de una mente que le permitiera adquirir consciencia. Es decir llegar a la trascendencia, pues sería absurdo imputar sesgos de espiritualidad al robot inteligente. Siendo imposible llegar a pensar que esta máquina pudiera llegar a tener conciencia, o pudiese pensar y decidir con libertad.
El Transhumanismo y los Posthumanos (robótica y biotecnología)
Llegando entonces a un movimiento intelectual que propone superar los límites naturales de la humanidad mediante el mejoramiento tecnológico y, eventualmente, la separación de la mente del cuerpo humano. El cual está basado simplemente en la creencia de que deberíamos usar la tecnología para controlar la evolución futura de la especie humana.
Prácticamente busca sobre todo que el poshumanismo tecno-científico centrado en la robótica y la inteligencia artificial llegue a la integración del ser humano con la máquina. Teniendo claro que por el momento esta sería la única forma de lograr la Trascendencia, en donde la simbiosis entre el organismo humano (mente y consciencia) pueda perdurar eternamente con la implementación de los nanochips en el cuerpo.
Mejorando así todas las funciones y habilidades del cuerpo humano y de igual forma la agilidad mental apoyada claramente de la Inteligencia Artificial.
Llegando así al cíborg posthumano (Übermensch), un ser con capacidades superiores a las del hombre actual. Que supera incluso el dolor, la resistencia, la fuerza, la enfermedad o algún daño irreparable. Esto gracias al poder de la biotecnología y la nanotecnología molecular, que tiene claro que el hombre para evolucionar tiene que adaptarse al cambio. Teniendo claro que “Todo parte del ser humano y todo tiende hacia la máquina, donde la especie humana puede ampliar su potencial a través de una integración biotecnológica”.
Fuentes sobre Robots e Inteligencia Artificial
- García Manrique, J. R. (2007). “Yo, robot” o las tribulaciones de un robot kantiano. Revista de Bioética y Derecho #9. Páginas 2-6. Recuperado de: https://www.redalyc.org/pdf/783/78339709004.pdf
- Fonte, M. J. (s.f.). El desarrollo de la conciencia robótica. Páginas 7-40. Recuperado de: http://repositoriouba.sisbi.uba.ar/gsdl/collect/adrespe/index/assoc/HWA_6076.dir/6076.PDF
- Álvarez Villanueva, E. (2022). El amor en los tiempos de la Inteligencia Artificial. Páginas 90-105. Recuperado de: https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/151573/El_amor_en_los_tiempos_de_la_inteligenci.pdf
- Tripero, T. A. (s.f.). HUMANOIDES. El origen. Páginas 1-2. Recuperado de: https://webs.ucm.es/BUCM/revcul/e-learning-innova/202/art2933.pdf
- Bonachera García, A. I. (2017). Vida Artificial: el cíborg, representación postmoderna de nuestras ansiedades. Páginas 2-22. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5912399
