Rudolf Hess secretario de Hitler y la cara amable del Partido Nazi

Actualización: abril 2, 2026


Considerado por muchos como la mano derecha de Hitler, Rudolf Hess no solo fue su secretario y amigo íntimo, sino el número dos del Partido Nazi y el tercero en la línea sucesoria del Tercer Reich. Fue él quien, desde la sombra, ayudó a moldear el ideario nazi: durante su encierro en Landsberg, Hess acompañó a Hitler en la redacción de Mein Kampf, el libro que se convertiría en la biblia política del régimen. Sus ideas, discutidas entre rejas, sentaron las bases de una ideología que sacudiría al mundo. Pero ¿qué llevó a Hess, el leal sucesor, a emprender su misterioso vuelo a Escocia en 1941? La verdad detrás de su traición —o acaso su última misión— sigue siendo uno de los enigmas más oscuros del nazismo.

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Rudolf Hess llegada al Partido Nazi

Rudolf Hess, llegada al Partido Nazi y su gran caída ★★★★★

Rudolf Hess: El custodio del dogma y el enigma del vuelo solitario

La figura de Rudolf Hess representa la devoción mística llevada al paroxismo. Más que un administrador, fue el confesor y el primer apóstol de la religión política que devastó Europa.

“Mi Führer, usted es Alemania. Cuando usted juzga, es el pueblo alemán quien juzga.” — Rudolf Hess, durante el congreso de Núremberg de 1934.

El encuentro en Múnich y el nacimiento del Mein Kampf

Como la gran mayoría de la vieja guardia, Hess fue cautivado por la retórica de Adolf Hitler durante un mitin en Múnich. No dudó en entregarle todo su apoyo, cimentado en la creencia compartida del “mito de la puñalada por la espalda” (Dolchstoßlegende): la noción conspirativa de que la derrota en la Gran Guerra no fue un fracaso militar, sino el resultado de una traición interna orquestada por judíos y bolcheviques.

Esta lealtad se selló con sangre en 1923 durante el fallido Putsch de la Cervecería. Tras el fracaso del golpe de Estado, ambos terminaron en la prisión de Landsberg. Fue en la celda donde los lazos de amistad se tornaron estructurales; Hess no solo fue el oyente, sino el transcriptor y colaborador esencial que ayudó a Hitler a dar forma a sus pensamientos ideológicos en el libro Mein Kampf (Mi Lucha).

El ascenso al poder y la firma de la segregación

Al salir de prisión, el ascenso de Hess corrió paralelo al del NSDAP. Una vez que Hitler alcanzó la cancillería, Hess fue designado Jefe del Partido Nazi y Ministro de Estado. Su poder era casi absoluto en el ámbito civil y doctrinal, actuando como el filtro directo de las órdenes políticas del Führer.

Aunque era considerado “la cara amable” del régimen por su labor organizativa en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 y su estrecha relación con la cineasta Leni Riefenstahl, su firma ocultaba una naturaleza implacable. En 1935, Hess ratificó con su rúbrica las Leyes de Núremberg, el marco jurídico que despojó a los judíos de sus derechos civiles y sentó las bases legales para el exterminio posterior.

El vuelo de 1941: Una misión suicida hacia la paz

El 10 de mayo de 1941, en uno de los episodios más extraños de la Segunda Guerra Mundial, Hess penetró en el cielo británico pilotando en solitario una avioneta bimotor Messerschmitt Bf 110. Bajo la identidad falsa de Alfred Horn, saltó en paracaídas sobre Escocia con un objetivo delirante: concertar una paz por separado con las potencias occidentales para permitir que Alemania se concentrara en la invasión de la Unión Soviética.

Esta acción, realizada sin el consentimiento de Hitler, fue vista por el Führer como una traición o un brote de locura. Los británicos, lejos de negociar, lo convirtieron en su prisionero de mayor rango, manteniéndolo en cautiverio durante el resto de la guerra.

Spandau: El último habitante del Tercer Reich

Tras los Juicios de Núremberg, Hess fue condenado a cadena perpetua y trasladado a la prisión de Spandau el 18 de julio de 1947. Con el paso de los años, los demás jerarcas fueron liberados o fallecieron, dejando a Hess como el único recluso de una fortaleza diseñada para cientos. Se convirtió en el prisionero más vigilado y costoso de la historia, custodiado por turnos rotativos de las cuatro potencias aliadas (EE. UU., Reino Unido, Francia y la URSS).

El final en el jardín: El 17 de agosto de 1987, a los 93 años de edad, Hess logró evadir por un instante la vigilancia de sus cuidadores en una pequeña cabaña del jardín de la prisión.
El último acto: Tras varios intentos fallidos a lo largo de cuarenta años de encierro, utilizó el cable de una lámpara para ahorcarse, poniendo fin a la última conexión viviente con el núcleo original del partido nazi.

Con su muerte, la prisión de Spandau fue demolida de inmediato para evitar que se convirtiera en un santuario neonazi, borrando así el último vestigio físico del hombre que ayudó a redactar el testamento ideológico del odio.

Fuentes sobre Rudolf Hess la cara amable del Partido Nazi ★★★★★

  • McNab, C. La élite de Hitler. Las SS 1939-1945. LIBSA, 2015. (369 pp.)
  • Rudolf Heß. Wikipedia, 2020. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Rudolf_He%C3%9F
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