Actualización: agosto 2, 2026
El ascenso del Cartel de los Paisas como potencia narcotraficante no fue un hecho fortuito, sino el resultado de una compleja evolución histórica.
Antes de consolidarse como una de las organizaciones más poderosas en el tráfico internacional de drogas, este grupo pasó por un meticuloso proceso que involucró a contrabandistas, bandoleros y criminales que allanaron el camino.
Estos pioneros del narcotráfico sentaron las bases para lo que luego sería un imperio criminal liderado por figuras legendarias.
Entre los nombres clave que moldearon este cartel destacan:
- Pablo Escobar
- Gustavo Gaviria Rivero
- Gonzalo Rodríguez Gacha
- El Clan de los Ochoa
- Carlos Lehder
- George Jung
- Griselda Blanco
- Veronica Rivera de Vargas
- Barry Seal
Juntos, estos personajes forjaron lo que la historia registraría como el temible Cartel de Medellín, una organización que redefinió el crimen organizado en Latinoamérica.

Líderes que ayudaron a conformar el gran Cartel de Medellín
Griselda Blanco (La Viuda Negra o la Madrina)
La Sombra del Apodo: Cómo Nació la Viuda Negra
Conocida en el bajo mundo como la Viuda Negra, el apodo no fue una elección estética, sino un reflejo de su modus operandi. La referencia directa a la hembra del arácnido Latrodectus, que devora al macho tras la cópula, encontró su correlato en la vida real: Griselda Blanco asesinó a varios de sus propios maridos, una práctica que los agentes de la DEA documentaron como parte de su “patrón de comportamiento depredador”.
Las investigaciones periodísticas y judiciales coinciden en que el apodo de “La Viuda Negra” comenzó a popularizarse durante los años ochenta debido a las sospechas y procesos relacionados con la muerte de varias de sus parejas sentimentales. Sin embargo, algunos biógrafos como José Guarnizo advierten que parte de esa imagen fue alimentada por la prensa sensacionalista de Miami, que convirtió a Blanco en un símbolo de la violencia del narcotráfico femenino. Aun así, los expedientes de la justicia estadounidense y numerosos reportajes de The Miami Herald y The New York Times muestran que su reputación como mujer extremadamente violenta ya estaba consolidada antes de su captura.
Esta pionera del narcotráfico en Colombia cimentó su poder no solo en la logística, sino en una crueldad meticulosa. Para garantizar su tranquilidad operativa, procuraba no dejar cabos sueltos, aplicando una política de “cero testigos” que marcaría la pauta de violencia en el naciente negocio de la cocaína.
Diversos agentes de la DEA describieron que Blanco implantó una política de represalias inmediatas contra cualquier persona sospechosa de traición. Su organización recurría con frecuencia a homicidios por encargo, secuestros y ajustes de cuentas para proteger las rutas de distribución de cocaína. La utilización sistemática de sicarios permitió que su estructura mantuviera el control sobre amplios sectores del mercado de Miami durante buena parte de la década de 1970 y comienzos de la de 1980.
El Ascenso en la Estructura Criminal
Su ambición y su capacidad para ascender dentro de las “bajas esferas” —tradicionalmente dominadas por estructuras masculinas— la llevaron a escalar posiciones rápidamente. Este talento delictivo la convirtió en una de las primeras mujeres en controlar la distribución de cocaína en los Estados Unidos, rompiendo el techo de cristal del hampa a punta de estrategia y violencia.
El crecimiento de Blanco coincidió con un momento en que el mercado estadounidense comenzaba a demandar cantidades cada vez mayores de cocaína procedente de Colombia. Antes incluso del auge del Cartel de Medellín, ella ya había establecido contactos con contrabandistas, pilotos, intermediarios financieros y distribuidores locales. Esa capacidad para integrar cada eslabón de la cadena criminal le permitió construir una organización relativamente independiente, algo poco común para una mujer dentro del mundo del narcotráfico latinoamericano de aquella época.
- Llegó antes que los grandes carteles. A finales de los años sesenta y comienzos de los setenta todavía no existían estructuras como el Cartel de Medellín o el Cartel de Cali. La cocaína era un negocio pequeño comparado con la marihuana. Griselda entendió antes que muchos que el verdadero mercado estaba en Estados Unidos. Mientras otros traficantes seguían dedicados principalmente al contrabando tradicional, ella comenzó a construir una red enfocada exclusivamente en cocaína.
- Controló la distribución completa. No se limitó a vender cocaína. Controló la compra en Colombia, el transporte internacional, la recepción en Estados Unidos, el almacenamiento, la distribución mayorista, el cobro y el lavado de dinero. Dominó toda la cadena logística. Por eso los investigadores la consideran una de las primeras organizaciones criminales verticalmente integradas del narcotráfico colombiano.
- Convirtió Miami en su centro de operaciones. Las fuentes coinciden en que durante los años setenta Miami era el mejor puerto para ingresar cocaína. Desde allí redistribuía cargamentos hacia Nueva York, California, Nueva Jersey y Chicago. No solamente introducía cocaína. Controlaba quién la vendía.
- Profesionalizó la logística. La DEA describe que Griselda utilizó empresas fachada, pilotos privados, lanchas rápidas, automóviles modificados, equipajes con dobles fondos y prendas confeccionadas especialmente. Uno de sus talleres de confección fabricaba ropa femenina con compartimentos ocultos.
El Salto Cualitativo: Darío Sepúlveda y el Sicariato
El salto cualitativo ocurrió al casarse con su segundo marido, Darío Sepúlveda, quien ya poseía una red de distribución consolidada hacia el norte. Según los testimonios recogidos en Cocaine Cowboys y en los expedientes judiciales de Florida, Griselda percibió la oportunidad y no dudó en asesinar a Sepúlveda para apropiarse del imperio.
Aquí es donde conviene matizar con investigación. Las fuentes disponibles no sostienen de forma unánime que Darío Sepúlveda fuera el creador de un gran imperio de distribución de cocaína. La mayor parte de las investigaciones señalan que para entonces Griselda Blanco ya poseía una importante infraestructura criminal y que Sepúlveda terminó integrándose a ella. También existe consenso en que Sepúlveda fue asesinado en 1983 en Medellín tras una disputa por la custodia de su hijo Michael Corleone Blanco, aunque nunca se logró una condena directa contra Griselda por ese homicidio.
Este acto de “canibalismo empresarial” la llevó a ser más precavida y a profesionalizar su estructura, creando así su primera industria criminal: el sicariato como servicio contratado. Fue precursora de esta modalidad, consolidándose como la reina del narcotráfico en su momento.
Respecto al sicariato, numerosos historiadores consideran que Blanco contribuyó decisivamente a profesionalizar este tipo de violencia dentro del narcotráfico, especialmente mediante el empleo de asesinos a sueldo y motociclistas armados en Miami. No obstante, atribuirle el origen absoluto del sicariato organizado sigue siendo una afirmación debatida entre investigadores.
Pionera de las “Mulas” y las Rutas
Las rutas establecidas en Miami y Florida empezaron a dar sus frutos cuando la Madrina optimizó la forma de operar. Con el tiempo, estas vías se convirtieron en las arterias principales usadas por los grandes carteles de Colombia, como lo documentan Kings of Cocaine (Gugliotta y Leen) y los reportajes de The Washington Post.
Uno de los mayores aportes criminales atribuidos a Blanco fue la consolidación de corredores logísticos permanentes entre Colombia y el sur de la Florida. Su organización utilizaba pilotos privados, embarcaciones rápidas, dobles fondos en vehículos y empresas fachada para introducir cargamentos de cocaína. Posteriormente, muchas de esas rutas fueron aprovechadas por organizaciones más grandes, entre ellas estructuras asociadas a los carteles de Medellín y Cali, que ampliaron el volumen del tráfico durante los años ochenta.
Griselda Blanco sería conocida además por ser la pionera en camuflar la droga en lo que conocemos hoy como las mulas (personas que llevan la droga dentro del cuerpo para evitar que sea detectada). Así mismo, ideó diferentes formas de pasar la droga sin ser detectada:
- En los tacones de las mujeres.
- Maletas con fondo.
- Fajas y prendas de vestir modificadas.
Las investigaciones disponibles indican que la organización de Blanco utilizó múltiples métodos de ocultamiento, entre ellos prendas de vestir especialmente confeccionadas, equipajes modificados, compartimentos secretos y correos humanos. Sin embargo, los especialistas aclaran que el uso de las llamadas “mulas” no fue una invención exclusiva de Griselda Blanco, pues ya existían antecedentes en otras redes internacionales de contrabando. Lo que sí reconocen numerosos agentes de la DEA es que su organización perfeccionó estos mecanismos y los aplicó a gran escala, reduciendo considerablemente el riesgo de detección para pequeños cargamentos destinados a abastecer el mercado estadounidense.
Estos méritos logísticos le llevaron a convertirse en una de las pioneras en inaugurar la ruta de la cocaína hacia los Estados Unidos en la década de 1970, estableciendo un modelo operativo que luego emularían los carteles de Medellín y Cali.
Las “Cocaine Cowboys Wars” y el Control de Miami
Se le atribuye haber participado activamente en la violencia relacionada con narcóticos conocida como las “Cocaine Cowboys Wars”, una serie de conflictos armados que afectaron a Miami durante esa época. Esta guerra territorial le permitió hacerse con su propia red de fabricación y tráfico.
Sería así como se hizo a su propia red de fabricación y tráfico de droga, siendo ‘La Madrina’ de todos los narcos del país, y la única dueña de las rutas del narcotráfico a través de Miami, que ella misma diseñó. El documental Cocaine Cowboys II: Hustlin’ With the Godmother (2008) retrata en detalle cómo Blanco consolidó su poder en el sur de Florida, enfrentándose a rivales y estableciendo un dominio absoluto sobre el mercado de la cocaína en la región.
Precisiones sobre la relación con Carlos Lehder
Aquí sí hay bastante claridad. Carlos Lehder comenzó de manera independiente. Su negocio principal era el robo de automóviles, marihuana y cocaína. Luego conoce a George Jung. Después desarrolla la famosa ruta de Bahamas. Posteriormente aparece Pablo Escobar como proveedor colombiano.
Las investigaciones coinciden en que la gran alianza fue:
- Carlos Lehder + Pablo Escobar.
No existe evidencia sólida de que Lehder hubiese pertenecido primero a la organización de Griselda Blanco. Es posible que realizaran operaciones puntuales, porque el mundo del narcotráfico colombiano era muy pequeño, pero no una sociedad estable comparable a la que Lehder construyó con Escobar.
¿Existieron negocios entre Griselda, Lehder y Escobar? Sí. Pero no como un “cartel” conjunto. Lo que describen varios investigadores es un mercado. Unos ponían laboratorios, otros pilotos, otros rutas, otros compradores. En ese contexto era normal que hubiera operaciones cruzadas entre diferentes organizaciones sin que ello implicara una alianza permanente.
La Ruptura con el “Patrón del Mal”
Toda esta enseñanza le sirvió a Pablo Escobar para dejar de vender la droga de otros y crear su primer laboratorio, iniciando su propio Cartel de Medellín. Un hecho que claramente jugaba en contra de los intereses de la Madrina, quien en ese momento era dueña del barrio Antioquia y la patrona de Medellín.
Pero como todo en este negocio no está escrito, llegaría el momento en que Pablo Escobar se negaría a seguir marchando para ella. Razón por la cual la Madrina hace su movimiento y decide salir de él. Sin resultado alguno, pues Pablo se adelanta y con todo el grupo de sicarios que tenía trabajando para él logra que la Madrina salga corriendo para Miami a finales de los años setenta.
Griselda más adelante decide entonces no entrar en una guerra con aquel personaje. Pues ya intuía que se había formado a un monstruo en el negocio (el Patrón del mal).
Consolidación en EE.UU. y Caída Final
Tiempo después este capo se quedaría con su primera narco-ruta superando a su Madrina. Pues mientras Escobar enviaba droga desde Ecuador y Colombia, la reina de la coca la vendía al menudeo en Miami y Nueva York.
Griselda Blanco consolidaría su poder en Estados Unidos, siendo la dueña de la mafia en Miami: una mandamás temida por sus rivales y una asesina de sus amantes. Se supo que pasó en Miami la mayor parte de su vida, incluidas dos décadas en prisión. Asesinó a dos de sus tres parejas sentimentales por dudas en cómo manejaban sus bienes.
Pasado un tiempo sería deportada a Colombia para el año 2004. Ocho años después, en 2012, sería acribillada a tiros en Medellín. Una forma de muerte que ella misma inventó para saldar deudas relacionadas con el narcotráfico. La muerte llegó en el mismo formato de ejecución que ella ayudó a popularizar: el sicariato motorizado, una modalidad que ella misma había perfeccionado durante sus años de auge criminal.
El Legado Criminal y la Fortuna
Como tips finales, la “Viuda Negra” ostenta un récord criminal de 250 asesinatos que puso en jaque a la DEA, que finalmente la pudo capturar para ponerla tras las rejas. Y según la revista Celebrity Networth, Griselda Blanco ocupó el noveno lugar en la lista de los narcotraficantes más ricos del mundo. Estando por encima de Al Capone, ya que su fortuna se calculaba en dos billones de dólares.
Griselda Blanco ocupa un lugar único en la historia del crimen organizado como la mujer que desafió todas las convenciones del narcotráfico, construyendo un imperio desde cero y estableciendo los estándares logísticos y tácticos que definirían la industria de la cocaína durante décadas. Como documentan The Last Narc, Kings of Cocaine y los reportajes de Semana, su legado perdura como uno de los casos más fascinantes y brutales del crimen organizado en el continente americano.
👑 Verónica Rivera de Vargas (la Reina de la Coca)
Los Orígenes en San Andresito
Aunque se tiene muy poca información sobre ella, se sabe que junto a varios de sus hermanos tenía un puesto en San Andresito, el famoso centro comercial de contrabando en Bogotá. Allí se hizo famosa por ser una mujer de armas tomar, una figura temida y respetada en un mundo dominado por hombres.
Luego cerraría el chuzo para desaparecer completamente de la escena del contrabando de electrodomésticos. Pero ese no sería el final de su carrera criminal. Solo el comienzo.
La Bonanza Marimbera y la Primera Fortuna
Tendría sus inicios en los años 70 con la marihuana, en medio de la Bonanza Marimbera, el auge del tráfico de marihuana que sacudió a la costa norte de Colombia y transformó la economía ilegal del país. Allí hizo su primera fortuna.
Esa riqueza le permitió darse lujos y ser vista de nuevo en preciosos carros, acompañada de guardaespaldas, casi siempre llaneros. Un despliegue de poder y ostentación que la hacía inconfundible.
La Vendetta entre la Mafia Bogotana
Más adelante se haría popular gracias a una vendetta entre la mafia bogotana. En medio de esa guerra, ocurrió el secuestro de Bersey Espinosa de Gil como forma de presión para lograr un pago de coca.
Según las investigaciones de la época, la banda de Verónica secuestró a Bersey, esposa de Mario Gil, exigiendo un rescate que se estimó en medio millón de dólares. Gil retalió secuestrando a las tres hijas de Verónica, quienes fueron liberadas tras el pago de un rescate igualmente elevado.
El conflicto escaló y en 1979 Mario Gil fue asesinado a las afueras de un restaurante en Bogotá mientras esperaba a su esposa. Como represalia por aquel crimen, el esposo de Verónica, Julio César Vargas Torres, fue asesinado a tiros por miembros de la banda de Gil en una casa en las afueras de Bogotá.
La Llegada de las Autoridades
Tras todos estos incidentes, llegaron a ella las autoridades. Según reportes de la policía colombiana citados por UPI, Verónica había eludido a las autoridades en Perú, México y Estados Unidos, dejando un rastro de asesinatos y secuestros.
En 1977 fue arrestada en el norte de Perú con 290 libras de cocaína, pero escapó rápidamente y regresó a Colombia. Ese mismo año fue detenida nuevamente en su país natal, pero sus abogados aseguraron su liberación y huyó a México, donde en 1978 fue arrestada en el estado de Chiapas con 310 libras de cocaína. Otra vez escapó y regresó a Colombia.
En 1980 fue arrestada en Bogotá bajo el nombre de Marleny Orejuela Sánchez, pero sus abogados lograron liberarla antes de que las autoridades descubrieran su verdadera identidad.
Un detective colombiano que participó en su captura declaró a UPI: “Nos ha superado demasiadas veces en el pasado”. Sobre su capacidad para escapar, un investigador sospechaba que era por sobornos, pero añadió: “La verdadera razón por la que es tan buena y puede escapar tan fácilmente es que es muy tranquila bajo presión y siempre tiene el control de la situación”.
La Conexión con Matta Ballesteros
Juan Ramón Matta Ballesteros fue el principal responsable de la conexión colombo-mexicana entre el Cartel de Medellín, el Cartel de Cali y el Cartel de Guadalajara, suministrando el transporte aéreo de más del 60% de la droga que ingresaba a territorio de Estados Unidos.
La conexión de Verónica con Matta Ballesteros se produjo a través de sus actividades en el narcotráfico. Según los reportes de la época, Verónica Rivera de Vargas tenía importantes conexiones con capos de México, entre ellos Félix Gallardo, y su puente de conexión más conocido sería con Matta Ballesteros, una figura pública en Honduras, conocido como empresario y filántropo, pero en realidad un poderoso narcotraficante.
Matta Ballesteros, quien había sido arrestado por la DEA en 1973 en el Aeropuerto Internacional de Dulles con 54 libras de cocaína y había escapado de una prisión federal en Florida, se había convertido en una pieza clave del narcotráfico internacional.
El Encuentro con Gonzalo Rodríguez Gacha
El primer contacto de Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, con el narcotráfico vino a través de Verónica Rivera de Vargas, quien era amiga de Pablo Escobar y del narcotraficante mexicano Miguel Ángel Félix Gallardo hacia mediados de los setenta.
Según las investigaciones, Verónica Rivera de Vargas, junto a figuras como Gonzalo Rodríguez Gacha, Ángel Custodio Gaitán Mahecha y Luis Murcia Sierra (“Martelo”), formaban parte de esa élite de esmeralderos de la vieja guardia que operaron como los grandes pioneros del tráfico de cocaína en el país.
Se supo que la Reina de la Coca era considerada la mano derecha de jefes narcotraficantes del Valle del Cauca, una posición de enorme influencia dentro de la estructura criminal colombiana. Fue entonces cuando Matta Ballesteros le dijo al Mexicano que tenía la persona indicada para abrir nuevas rutas a través de México, Haití, Los Ángeles, California, Houston y Texas.
El Viaje a México y el Acuerdo con Félix Gallardo
Verónica le dice a Rodríguez Gacha que le presentaría a un capo importante de México, a Félix Gallardo, a cambio de un porcentaje de lo que allí se lograse pactar con el jefe de jefes.
Acordaron entonces viajar a México: Gonzalo y su socio Juan Ramón, junto a la Reina de la Coca. Estando allí, se les recibe con buenos mariachis, acompañado de una buena comida típica, licor y bonitas mujeres. Pues Félix ya sabía de antemano los gustos de Gacha por la cultura mexicana.
Según las investigaciones, el gusto de Rodríguez Gacha por la cultura mexicana —la música, la cultura caballística— le había ganado los motes de “El Mexicano” y “Don Sombrero”. Era propietario de una cadena de haciendas en su pueblo natal en Pacho con nombres de inspiración mexicana como Cuernavaca, Chihuahua, Sonora y Mazatlán.
Al final de la reunión llegaron al acuerdo:
- Gonzalo y sus socios pondrían la droga.
- Miguel Ángel y sus socios la recibirían y la entregarían, usando sus propios medios, en California, a la gente de Medellín acantonada en Estados Unidos.
- La comisión sería entre el 25 y 30% del precio de venta al por mayor en el país del norte, donde el kilo oscilaba entre 12,000 y 14,000 dólares.
- Llegaron a un mutuo acuerdo de que la comisión sería no menor de 3,000 dólares por kg, en promedio. Es decir, 3 millones de dólares por cada tonelada.
Esta alianza resultó fundamental para la expansión del Cartel de Medellín. A través de México, Rodríguez Gacha descubrió nuevas rutas de tráfico hacia los Estados Unidos, principalmente a las ciudades de Los Ángeles (California) y Houston (Texas), y se afirma a menudo que fue el primero en establecer estrategias cooperativas con carteles mexicanos.
La Captura y el Imperio en los Llanos
Tiempo después se volvió a saber de ella cuando fue acusada en febrero de 1981 por contrabandear 825 libras de cocaína a Miami, eludiendo a los agentes de narcóticos allí, dijo la policía.
Se desconoció su paradero por algún tiempo hasta que fue arrestada y capturada el 11 de febrero de 1983 en la finca Las Cabañas en Acacías. Donde encontraron en su hacienda un gran imperio:
- Pistas de aviones.
- Aviones.
- Lujosos carros.
- Modernos galpones.
- Gran cantidad de cocaína.
Se dice que fue hallada durmiendo en una almohada de 35 kilos de cocaína y empuñando una pistola Colt 37, una imagen que quedaría grabada en la memoria de los agentes que la capturaron. También se dijo que había instalado con plata de su bolsillo las redes eléctricas para la región en donde tenía sus fincas, y que en muchas ocasiones regalaba hasta un kilo de coca a sus buenos clientes, pero que cuando se la hacían la pagaban muy caro.
Leyenda en el Buen Pastor
Fue así que se volvió una leyenda en el Buen Pastor, la famosa cárcel de mujeres en Bogotá, por sus historias y conexiones con grandes capos, su captura y sus colecciones de porcelanas chinas y cristalería. Una figura mítica que combinaba el poder criminal con un gusto refinado que parecía desentonar con su violento pasado.
Durante su reclusión, se convirtió en una especie de hada madrina para otras reclusas y guardianas, a quienes ayudaba económicamente con la varita mágica de sus poderosas finanzas.
El 15 de mayo de 1986, después de múltiples procesos judiciales y escándalos por sobornos y presiones a jueces, Verónica Rivera de Vargas obtuvo su libertad por pena cumplida. Salió del Buen Pastor en medio de arroz y flores, con orquesta especialmente contratada, carros con sirenas y ambiente de fiesta de pueblo.
La Muerte
Tres años después de su liberación, fue asesinada a tiros en Bogotá por dos sicarios en el año 1989, según informaron las autoridades policiales. Una muerte que llegó en el mismo formato de ejecución que ella había conocido y utilizado durante su larga carrera criminal.
El Legado de la Reina de la Coca
Verónica Rivera de Vargas ocupa un lugar único en la historia del narcotráfico colombiano. No fue la más famosa ni la más poderosa, pero su papel como conectora entre los carteles colombianos y las estructuras mexicanas resultó fundamental para la expansión del negocio durante los años 80.
Su historia, como la de muchas mujeres en el narcotráfico, ha sido opacada por las figuras más mediáticas de los grandes carteles. Sin embargo, su papel como enlace entre Rodríguez Gacha y Félix Gallardo demuestra que fue una pieza clave en el tablero criminal de la época. Su habilidad para eludir a las autoridades en múltiples países, su capacidad para escapar de prisiones y su imperio en los Llanos Orientales la convierten en una figura legendaria del crimen organizado colombiano.
Boston George: El hombre que abasteció a Hollywood de cocaína
Los Orígenes de un Sueño Americano
George Jacob Jung nació el 6 de agosto de 1942 en Weymouth, Massachusetts, en el seno de una familia de clase media. Su padre, Frederick Jung, era dueño de un pequeño negocio, y su madre, Ermine O’Neill, completaba el núcleo familiar. En la escuela secundaria, Jung fue una estrella del fútbol americano y sus compañeros lo describían como un “líder nato”.
Los estudios no fueron su fuerte, aunque cursó una carrera de publicidad en la Universidad del Sur de Mississippi que no completó. Pero como líder nato y un gran jugador de fútbol, tuvo un círculo amplio que le llevó a conocer diferentes tipos de personas. En ese periodo comienza a usar recreativamente la marihuana y de igual forma a venderla.
Para el año 1967, después de reunirse con un amigo de la infancia, Jung se dio cuenta del enorme potencial que generaba el contrabando del cannabis de California hacia Nueva Inglaterra. Inicia así su vida como traficante de marihuana en 1968, respaldado por su novia azafata, que logra transportar las drogas en sus maletas en los vuelos. Buscaría luego ampliar su operación para llevar las drogas desde Puerto Vallarta, México.
En el apogeo de esta empresa, Jung y sus asociados ganaban aproximadamente 250.000 dólares al mes (equivalentes a más de 2 millones en la actualidad). Utilizaba aviones robados de aeropuertos privados en Cape Cod y pilotos profesionales para sus operaciones.
El Encuentro en la Cárcel: Nace una Sociedad
Pasado unos años sería detenido y encerrado en la Cárcel Federal de Danbury por tráfico de marihuana. Fue arrestado en 1974 en Chicago por intentar introducir 660 libras (300 kg) de marihuana. Jung discutió con el juez sobre el propósito de enviar a un hombre a prisión “por cruzar una línea imaginaria con un montón de plantas”, pero igualmente fue condenado.
En marzo de 1974, Jung conocería a su compañero de celda, nada más ni menos que a Carlos Lehder Rivas, quien sería su mentor en el narcotráfico internacional. Entablaron una excelente amistad e intercambiaron ideas acerca de aquel próspero negocio. George le contó sobre sus actividades en México, cuando traía marihuana y la vendía no solo en California, sino también en la Costa Este.
Por otro lado, Carlos le habló de lo fácil que sería transportar cocaína en lugar de marihuana, debido al tamaño y volumen de las drogas. En su visión, cantidades mucho mayores podían transportarse directamente en avionetas privadas, con mucho menos riesgo de intercepción que las mulas humanas en vuelos comerciales. Además, Jung enseñó a Lehder sus técnicas de contrabando aéreo.
En aquellas largas horas de charlas en la celda, los planes de Jung y Lehder fueron tomando forma. Jung puntualizó que la mejor forma de transportar drogas sería en avioneta, llegando a la conclusión de que este sería el modo más seguro y rápido. Ya que las lanchas estaban siendo interceptadas constantemente por los guardacostas de los Estados Unidos.
El Salto a la Cocaína y la Alianza con Pablo Escobar
Deciden entonces utilizar avionetas para transportar la cocaína de Colombia a Estados Unidos. Solo les faltaría un proveedor de gran tamaño, que sería nada más ni menos que el socio de Carlos Lehder, el mismísimo Pablo Escobar. El cual le presentaría a Jung a cambio de que le enseñara cómo contrabandear la droga. Pues este era el hombre que más sabía de importación, venta y distribución de marihuana en Estados Unidos.
En el año 1975 Jung y Lehder fueron liberados y comenzaron a trabajar juntos. Su primer método consistió en reclutar a dos chicas estadounidenses para que llevaran cocaína en sus maletas desde Antigua, repitiendo el proceso varias veces hasta acumular suficiente dinero para comprar un avión.
Entraron en acción utilizando las Bahamas como punto de reabastecimiento de los aviones. Allí viajaban a poca altura para dificultar el rastreo. Fue así que el binomio Jung-Lehder se hizo tan poderoso. Y la cocaína que se incautaba por gramos en Estados Unidos se empezó a registrar en kilos y toneladas.
Su primer gran tarea sería entonces transportar un embarque de 250 kilos de cocaína al Patrón del Cartel de Medellín para el año de 1977. Luego le transportarían cientos de kilogramos de cocaína desde los laboratorios de Pablo Escobar en Colombia hasta Estados Unidos, y el contacto exclusivo de Jung en California sería Richard Barile, quien la tomaría allí para su respectiva venta.
Jung para esta operación se protegía y tenía un hombre de seguridad para hacer la transacción, a quien le entregaba un automóvil y la mitad de la pasta para que la llevase al contacto clave. Un día o dos después, se encontrarían de nuevo e intercambiarían las llaves de los autos.
Los Negocios Millonarios y el Imperio en Norman’s Cay
Jung ganó millones de dólares con esta operación. Luego se le ocurriría la grandiosa idea de robar aviones monomotores para su transporte y cobrar 10.000 dólares por kilogramo. Con cinco aviones que iban desde Colombia a California, transportando 300 kilogramos por avión, lo que equivaldría a 15 millones de dólares por carrera para Jung.
Jung en la década de 1970 facturaba entre 3 y 5 millones de dólares por día, lavando su dinero en el Banco Nacional de Panamá.
Dejan atrás ese sueño compartido de utilizar un puente aéreo de cocaína entre Colombia y Estados Unidos a través de Belice, para reemplazarlo con la idea de construir un imperio de transporte macizo en el punto de abastecimiento usado anteriormente. Es decir, adquirir una isla privada en las Bahamas, llamada Norman’s Cay.
En 1978, Lehder comenzó a utilizar Norman’s Cay como punto de transbordo. Compró propiedades, intimidó y ahuyentó a los residentes, sobornó a funcionarios bahameños —incluyendo al Primer Ministro Lynden Pindling— y amplió la pista de aterrizaje, que quedó totalmente dedicada al comercio de cocaína. Se estima que Lehder ganaba hasta 300 millones de dólares al año en Norman’s Cay.
La Traición y el Fin de la Sociedad
En esta instancia ambos socios harían bastante capital. Tanto fue el enriquecimiento ilícito, que Carlos Lehder, llevado por su ambición, termina la sociedad con su socio Jung.
Carlos Lehder empieza a tratar directamente con el comprador de droga en California, el estilista que manejaba numerosos contactos, es decir Ricardo Barile, quien anteriormente le había presentado su ex-socio Jung. Esta sería la puñalada trapera para sacar del juego a su amigo y ex-socio.
Jung, enterado para el otoño de 1978, viajaría a las Bahamas para confrontar a Lehder. Según el testimonio de Jung en el juicio de Lehder en 1987, lo confrontó en Nassau y Lehder le confesó que estaba trabajando con Barile y que “ya no era necesario en su organización”. Su antiguo amigo lo recibiría con dos guardaespaldas alemanes para decirle en su cara que ya no era bienvenido y echándolo de su isla.
Jung regresó a Estados Unidos y pagó 125.000 dólares a unos pandilleros para que asesinaran a Lehder, pero se arrepintió poco después, pues no tenía el poder suficiente para entablar una guerra contra él. En 1980, Jung intentó nuevamente ubicar a Lehder en Colombia para que volvieran a trabajar juntos, pero este nuevamente lo rechaza. En esa reunión, Lehder le dijo que controlaba Norman’s Cay, que había sido presentado al Primer Ministro de Bahamas, y que los M-19 lo protegían y realizaban ejecuciones en su nombre.
El Regreso al Cartel y el Apodo “El Americano”
George comenzó tiempo después a estrechar lazos con los traficantes colombianos, quienes comenzaron a apodarlo ‘El Americano’. Según cuenta el periodista Guy Gugliotta en su libro Los Reyes de la Cocaína, Jung logró reingresar al cartel a través de un traficante llamado Humbertos Hoyos. Con su ayuda, Jung pudo volver a obtener cocaína del cartel.
Fue así como continuó como traficante de cocaína en menor escala, tratando directamente con Pablo Escobar. Su venganza llegaría cuando su ex-socio traidor, Carlos Lehder, es aprehendido en Colombia y extraditado hacia los Estados Unidos en 1987. Jung sabía de antemano que su testimonio podría hundirlo definitivamente. Además, contaba con el aval del Patrón para poder testificar en su contra, ya que Pablo Escobar no quería que Carlos Lehder regresara a Colombia a causarle más problemas.
El Testigo Contra Lehder y la Condena Final
Jung se convertiría en el testigo más dañino contra quien fuera su socio, en un juicio en el que Lehder fue condenado a cadena perpetua, más 135 años, en 1988.
Jung fue arrestado nuevamente en 1994 en Topeka, Kansas, con 1,754 libras (796 kg) de cocaína. Se declaró culpable de tres cargos de conspiración y recibió una sentencia de 60 años de prisión. Su condena fue reducida a unos 20 años después de testificar contra Lehder.
Estuvo en prisión en dos ocasiones más, pues salía y la volvía a embarrar con sus negocios ilícitos. Fue liberado el 2 de junio de 2014 después de casi 20 años de prisión. En 2016 fue arrestado nuevamente por violación de libertad condicional y liberado en 2017.
La Muerte de una Leyenda
George Jung falleció el 5 de mayo de 2021 a los 78 años en su casa de Weymouth, Massachusetts. Según fuentes, su muerte fue de forma natural, aunque sufría problemas de hígado y riñones y se encontraba en cuidados paliativos.
Jung es recordado como una figura clave en la historia del narcotráfico, el hombre que, junto a Carlos Lehder, revolucionó el transporte de cocaína hacia Estados Unidos y ayudó a construir el imperio del Cartel de Medellín. Su vida inspiró la película Blow (2001), dirigida por Ted Demme y protagonizada por Johnny Depp, y se dice que el personaje de The Lion en la serie Narcos está basado en él.
Como él mismo dijo en una entrevista en 2017: “No se puede ir persiguiendo a la gente por sus errores, y todo el mundo puede definir lo que es un error”. Una frase que resume la vida de un hombre que vivió al límite, construyó un imperio desde la nada y pagó el precio más alto por su ambición.
El Steve Jobs de la cocaína: El modelo de negocio de Carlos Lehder
Los Orígenes de “Crazy Charlie”
Conocido por muchos como Crazy Charlie por su excentricidad, por ser un cocainómano, fanático del rock y un individuo con una personalidad muy inestable, Carlos Lehder fue una figura única en la historia del narcotráfico. En el mundo del crimen organizado fue llamado el Henry Ford de la cocaína, debido a su gran aporte al masificar el tráfico de este narcótico a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta. Siendo considerado como el inventor de los llamados aviones de cocaína y codirector del Cartel de Medellín durante varios años.
Nació el 7 de octubre de 1949 en la ciudad de Armenia, en el departamento del Quindío, en el Eje Cafetero colombiano. Hijo de un padre alemán, Wilhelm Lehder, un ingeniero que había emigrado a Colombia en la década de 1920, y una madre colombiana, Helena Rivas. Fue el menor de tres hombres y una mujer. Sus padres se divorciaron cuando tenía cuatro años, y tras pasar de internado en internado, a los 15 años se fue a vivir a Estados Unidos.
Se sabe que Lehder abandonó sus estudios en la escuela para dedicarse al mundo delictivo. “La gente que lo conoció en esa época decía que era algo callado pero muy ambicioso, un inteligente y respetuoso timador”, cuentan Guy Gugliotta y Jeff Leen en su libro Reyes de la cocaína.
Los Primeros Pasos en el Crimen
Se inició en el contrabando de vehículos robados. Los vehículos contrabandeados eran exportados a Colombia a la ciudad de Medellín y expendidos a través de un concesionario dirigido por uno de sus hermanos. El truco estaba en las evasiones aduaneras, pasando la mayoría de vehículos como legales. “A principios de los setenta”, cuenta un artículo de la Revista Semana, “era ya el cerebro de una compleja red de compraventa y contrabando de carros robados, y según todos los datos que recopiló por aquellos días el FBI, había logrado amasar una pequeña fortuna”.
Con este negocio logra amasar una pequeña fortuna que le sirve más adelante para su otro golpe en el mundo delictivo.
En el año 1974 comienza a dedicarse al tráfico de marihuana, esta motivación en gran parte a que era un asiduo consumidor. Con sus ingresos se paga un curso de aviación en Estados Unidos, convirtiéndose en un piloto muy experto, gran conocedor de la geografía de la Costa Este Estadounidense y de sus rutas aéreas principales.
Pero todo no sería color de rosa, pues el FBI ya le venía siguiendo la pista desde hacía algún tiempo. En septiembre de 1973, Lehder y Burton F. Hodgson importaron 246 libras de marihuana a Miami. Dejaron su avión guardado con parte de aquella mercancía (5 libras) en un depósito. Allí llegaron agentes de la DEA e inspeccionaron la aeronave. Justo en ese momento, sin ser conscientes, llegaron al sitio Hodgson, quien se reunió con Lehder y otra persona, para luego ser arrestados por las autoridades y enviados a la cárcel de Danbury, Connecticut.
El Encuentro con George Jung
Varios años recluido allí es cuando se conoce con otro legendario del narco, el gran George Jung, de quien se hizo una película (Blow). Lehder le comenta sobre su sueño de aprovechar el creciente mercado de la cocaína en Estados Unidos para entrar en el negocio. Pero a través de pequeñas aeronaves como un método de transporte más rápido y efectivo.
Da en el blanco, pues resulta que Jung, junto a Roman Varone, ya habían experimentado ese método de llevar marihuana a Estados Unidos desde México en pequeñas aeronaves por debajo del nivel de alcance de los radares y aterrizando en lechos secos de río. Pero nunca lo habían hecho con la cocaína, que sería mucho más rentable, pues ocupaba menos espacio en la avioneta y era más fácil de transportar en gran cantidad. Además de que su precio era exponencial en comparación a la marihuana.
Es así que esta dupla se convierte en grandes socios para el transporte aéreo de cocaína. A principios de 1975 recobraría la libertad George Jung, quien antes de salir le pide a Carlos Lehder que no se olvide de él para futuros negocios.
Cuando Carlos Lehder sale bajo fianza para el mismo año, se reúne con su amigo y socio George Jung. Allí empiezan a construir una base económica a través del narcotráfico básico. Deciden entonces contratar ciudadanas estadounidenses, a las que les pagaban vacaciones en Antigua a cambio de que ellas llevaran marihuana, para luego ellos llevarla hacia Estados Unidos en sus maletas de viaje.
Con esos viajes coronados logran acumular el dinero para comprar una avioneta. Todo marchaba de maravilla pero con algunos contratiempos, ya que hubieron constantes atracos de delincuentes comunes en Estados Unidos. Sin contar que la bonanza de la marihuana llegaría a su declive por los intensos operativos policiales en Colombia y la reducción de los ingresos a causa de la siembra de marihuana en EE.UU.
Todos estos imprevistos llevan a que ambos socios retomen de nuevo el plan ideado en la cárcel tiempo atrás. Con la avioneta y un piloto profesional, se dedicaron entonces a llevar cocaína a Estados Unidos desde las Bahamas, incrementando sus recursos financieros y cimentando las relaciones con proveedores colombianos.
De igual forma empezaron a sobornar a las autoridades de las Bahamas para obtener seguridad y protección judicial. Con toda esa experiencia adquirida y su seguridad en el negocio, Carlos Lehder decide viajar de nuevo a Colombia, específicamente a Medellín, donde su hermano aún tenía el concesionario de automóviles. En aquella ciudad, por el voz a voz, Carlos Lehder se comienza a convertir en una ficha clave para el negocio de la coca. Su forma de operar con una pequeña escala de avionetas en el envío de droga lo hizo popular dentro del gremio.
A principios del año 1976 llega a Medellín un delegado de Jung, Frank Shea, para reunirse con Carlos Lehder, con motivos de mirar nuevos proveedores y comenzar así con el envío a gran escala de aquel producto.
El Encuentro con Pablo Escobar
Meses después, por azares de la vida, se cruzan en el camino Carlos Lehder y el Patrón Pablo Escobar. Todo sucede en el concesionario de Autos Lehder, donde el Patrón buscaba comprar un automóvil. Carlos Lehder sería quien se le presenta, sabiendo de antemano de quién se trataba. Luego, entrados en confianza, le comienza a hablar sobre sus grandes proyectos de modernización para el transporte de la cocaína, en una red de aviones que volaría día y noche para transportar grandes cantidades de este producto.
El papel de Gustavo Gaviria en el acercamiento. Según el testimonio del propio Carlos Lehder, recogido en una reciente entrevista con la revista Semana y en su libro de memorias Vida y muerte del Cartel de Medellín, el encuentro no fue casual y contó con un intermediario clave. Fue Gustavo Gaviria, primo y socio de Pablo Escobar, quien materializó el primer acercamiento entre ambos capos. Lehder ha declarado explícitamente que conoció a Pablo Escobar “a través de su agencia de venta de automóviles Lehder Auto. Me lo presentó su primo y socio Gustavo Gaviria”.
Gustavo Gaviria, descrito en múltiples fuentes como el cerebro financiero del cartel y el principal socio de Escobar, desempeñó un rol fundamental como conector entre el emergente negocio de la cocaína y el revolucionario método de transporte que proponía Lehder.
Pablo inicialmente desconfía de aquel individuo, pues notaba que hablaba mucho y sus ideas eran algo precipitadas. Por lo que decide investigarlo detalladamente y, efectivamente, sí escuchan su nombre dentro de los círculos de la cocaína en Medellín. Sería así como los hermanos Ochoa le dan su voto de confianza a Pablo Escobar, pues estos también ya le distinguían por el asunto de automóviles. Ya conocían a Lehder por el negocio de los automóviles y por su reputación como contrabandista, lo que facilitó que le dieran su voto de confianza.
El Patrón, aunque permanece distante con Lehder, decide tantearlo en un envío de droga, en donde participa con 25 kilos de 50; lo demás sería repartido con sus otros socios, los Ochoa y la banda de los pablos (Pablo Arroyave y Pablo Correa). Lehder dirige entonces la logística del envío, viaja a Canadá para de allí ingresar a los Estados Unidos de forma clandestina. Al confirmar la llegada de la coca a Florida, llama a su socio Jung y le da las correspondientes instrucciones para que la recogiera. Jung lleva la cocaína a Los Ángeles y se la entrega a su ficha clave, un peluquero, veterano distribuidor de marihuana en la zona de Manhattan Beach. Allí ese polvo se vende como pan caliente. Luego de aquella transacción, el peluquero le entrega a Jung su tajada de 2.200.000 dólares.
Luego de aquella transacción, George Jung le entrega la parte correspondiente a Carlos Lehder, quien saca su tajada para entregar el resto a los delegados de Escobar, el clan de los Ochoa, los Arroyabe y Correa. Sería así como este binomio (Carlos Lehder y Jung) prueban su valía con el Patrón para realizar más operaciones de este tipo en todo el año de 1977.
Claramente Pablo Escobar aún no le gustaba mucho la locuacidad de su nuevo socio, por lo que decidió operar en otros frentes alternadamente.
El Salto Tecnológico: El Puente Aéreo de la Cocaína
Se abre así una nueva era en el negocio de la cocaína, dejando atrás los despachos de mulas en vuelos comerciales y los embarques camuflados en buques de carga desde Panamá. Pues ahora todo se transportaba en una operación aérea de cuatro horas con un cuarto de tonelada, cuyo precio era de 10 millones de dólares. Este gran salto llevó a la industrialización del comercio de cocaína en Colombia.
Lo que realmente convenció a Escobar de asociarse con Lehder no fue solo el éxito de ese primer envío, sino su visión estratégica. Lehder le propuso algo que cambiaría para siempre el negocio de la cocaína: un puente aéreo masivo utilizando avionetas que volarían a baja altura para evadir los radares.
Según las investigaciones de la DEA y los testimonios recogidos en Kings of Cocaine, antes de la llegada de Lehder, el Cartel de Medellín dependía de métodos rudimentarios y de alto riesgo. Lehder, con su experiencia como piloto y su conocimiento de la geografía de la Costa Este, propuso un salto tecnológico: avionetas monomotor que podían transportar hasta 300 kilos por vuelo en una operación de cuatro horas, lo que equivalía a unos 10 millones de dólares por carrera.
Carlos Lehder visitaba periódicamente las Bahamas, un precioso archipiélago, cerca de 2000 peñascos y escollos, paraíso de corales y playas blancas, situado a escasos 80 km de las costas de Florida. Llamó la atención sobre el islote de Cayo Norman, del cual quería apoderarse en secreto para sus futuras operaciones. Pues se dio cuenta de que sus anteriores operaciones ya no eran tan efectivas para ingresar la droga hacia Estados Unidos.
Durante esa época, Cayo Norman había sido un lugar de turismo para gente rica que quería tranquilidad y aislamiento. Consistía de un puerto, un club de yates, 100 casas privadas y una pista de aterrizaje.
El Imperio en Cayo Norman
En 1978, Lehder empezó a adquirir propiedades y acosar y amenazar a los residentes de la isla. Sus hombres de seguridad —norteamericanos, colombianos y alemanes— hostigaron a los vecinos y visitantes a punta de pistola para que vendieran a un precio muy bajo y así poder tener el control absoluto de aquella isla. Se enfrentó con quien fuese; uno de ellos fue Norman Solomon, reciente miembro del parlamento de las Bahamas, y el otro Walter Cronkite, periodista decano de los noticieros de televisión norteamericanos.
Para ver hasta dónde llegaba su obsesión por aquel sitio estratégico, no le quedaron dudas de mandar acribillar a un turista dentro de su bote, como muestra de que hablaba en serio cuando decía que no quería visitantes allí a menos que fueran invitados suyos.
Luego, Carlos Lehder amplió la pista de aterrizaje en Cayo Norman, una pista de aterrizaje de 1,1 km protegida por radar, guardaespaldas y perros de raza Doberman para la entrada y salida de aeronaves. Mandó construir así mismo una mansión y levantó un hotel allí mismo. Hizo sus sueños realidad, pues logró convertir aquella isla en un lugar de paso de la cocaína enviada por los narcotraficantes de Medellín hacia los Estados Unidos. Para ver su magnitud, solo hay que considerar que en tan solo un día de máximo movimiento entraban hasta 3000 kilogramos de cocaína por hora.
Entre 1978 y 1982, el Cayo sería entonces el centro de conexiones del narcotráfico, así como escondite y sitio de reunión de Lehder y sus asociados del Cartel de Medellín.
Luego le entregó en efectivo un millón cien mil dólares al gobernador de las Bahamas, Lynden Pindling, primer ministro de las Bahamas, para poder realizar sus actividades ilícitas sin ser molestado, arrendar hangares, alquilar avionetas y transportar cocaína hacia los Estados Unidos.
Así, Lehder se convierte en un gran estratega en la operación náutica y aérea. Y aprovechando el generoso marco legal de muchas de estas islas, logra convertirlas en puente de embarques y desembarques de cocaína por mar y aire. Fue así como se supo del nuevo dueño de todas las Bahamas, un amable inversionista que se hacía llamar Joe, que no quería visitas que no fueran patrocinadas por el mismo.
La Traición a George Jung
Al ver que todas sus operaciones de logística y transporte estaban dando resultado, notó que su socio George Jung ya no le era útil dentro de sus nuevos planes de negocio. No sin ello, le quita a su dealer ficha clave en Estados Unidos, el peluquero Barile. Y en una de las visitas de Jung, quien se dio cuenta de las intenciones de su socio por sacarlo del negocio, decide ir a encararlo. Lehder lo echó de la isla sin ningún reparo, para que nunca más se acercase a él.
Quedándose Carlos Lehder con el poder absoluto del transporte de la cocaína del Cartel de Medellín hacia los Estados Unidos a través de su centro de operaciones, la isla Cayo Norman, y siendo además el nuevo integrante del cartel de Medellín.
Pablo Escobar sería quien impartía las instrucciones precisas para los envíos masivos desde Medellín hacia las Bahamas.
Las Excentricidades de “Crazy Charlie”
Con toda esa fortuna amasada en tan poco tiempo, Carlos Lehder dio paso a sus excentricidades. A la isla de Cayo Norman llevó engañados a un beatle (Ringo Starr) y un miembro de los Rolling Stones (Ronnie Wood) para que pasaran una temporada en su isla. Allí les tenía un gran estudio para que practicaran y para escucharlos. Luego de un tiempo les dejaría ir, no sin antes hacerles otra invitación a Colombia.
Días después de que mataran a John Lennon, hizo construir en el lugar una estatua de Lennon de tres metros con un agujero en el pecho, una guitarra en su mano derecha y la palabra ‘amor’ cubriendo sus genitales. Le encendían velas a la espera de noticias de los cargamentos que volaban a Estados Unidos.
Construyó la “Posada Alemana”, un complejo turístico con un mini zoológico donde tenía leones, cóndores y llamas. Y por último, patrocinó un movimiento político (Movimiento Latino Nacional, que consiguió en 1984 escaños en asambleas municipales y en la departamental del Quindío), además de fundar un periódico (Quindío Libre).
La Caída del Imperio
Toda esta dicha no le duraría mucho, pues no pasó mucho tiempo en el que la DEA y la policía de las Bahamas intervinieran aquella isla en 1981. Desmantelando así el «imperio» construido por Lehder. Quien se salva de ser capturado y se despide de la isla el 10 de julio de 1982, no sin antes bombardear con panfletos el Parque Clifford de Nassau con la frase «DEA go home» (DEA vete a casa), algunos de esos panfletos con billetes de 100 dólares. En total se estima que arrojaría un millón de dólares.
Para mitades de los años 80, EE.UU. termina por descubrir las demás rutas de transporte del narcotraficante y pone fin a la fiesta que él creía le iba a durar para siempre. Para esos momentos, Carlos Lehder ya no le era una ficha útil para Pablo Escobar, aparte de que su megalomanía y juerga estaban poniendo en jaque la organización. No obstante, se suma otro caos para el cartel: el asesinato del ministro de Justicia Bonilla marca el inicio de una guerra del Estado contra los narcos.
La Huida y el Reclutamiento en la Guerrilla
Carlos Lehder decide entonces estar en la clandestinidad. Es cuando se une a la guerrilla con el nombre de “Rambo” González. Es allí donde se le escucha decir: “Prefiero una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”, y otras frases célebres de su entrevista.
Luego de un tiempo se aburre de su estancia en la selva y acude donde su amigo y socio Pablo Escobar. En su quinta sucede uno de los acontecimientos que relata Popeye en su libro, donde da muerte a uno de los escoltas de Pablo Escobar al no estar en sano juicio.
Acalorados discuten al otro día con el Patrón y los miembros del Cartel de Medellín. Al final, Pablo Escobar decide ayudarlo a refugiarse en una finca de Berracal en Antioquia. Allí dura tres días de rumba hasta que llega esa llamada anónima (de Escobar) a la DEA para capturarlo. Alcanzó a encaletarse detrás de una pared pero tosió y lo pillaron.
La Captura y Extradición
Es capturado junto a sus 16 escoltas por la Policía Nacional en una zona rural del municipio de Guarne, Antioquia, cerca de Medellín, el 4 de febrero de 1987, y horas después fue puesto a órdenes de la justicia de los Estados Unidos.
El gobierno Barco firmó una extradición exprés con los Estados Unidos. Y en 1987 cae el primer pez gordo del narcotráfico en ser extraditado a Norteamérica. Fue sentenciado a cadena perpetua más 135 años en una prisión de Marion, Illinois.
En 1992, en un acuerdo para testificar en contra de Manuel Noriega, se le redujo la pena a 55 años. Allí en prisión Lehder se dedicó al ajedrez, a la lectura y a pintar. Sería su abogado, Óscar Arroyave, quien le ayudaría a recobrar la libertad cuando todos creían que nunca saldría.
El Regreso a la Libertad y la Vida en Alemania
El más estrambótico de los capos recupera la libertad a los 70 años, una noticia que ni su familia creyó en su momento, sino después de verlo sin los grilletes y en Alemania. Fue deportado a Alemania en 2020 por razones de salud, país del cual también es ciudadano.
En marzo de 2025, a sus 75 años, regresó a Colombia desde Frankfurt como turista. Al llegar al aeropuerto El Dorado de Bogotá, fue detenido debido a una orden de captura vigente en su contra por delitos relacionados con armas. Migración Colombia lo dejó a disposición de la Policía Nacional, y fue llevado a la sede principal de la Dijín en Bogotá.
El Legado de “Crazy Charlie”
Carlos Lehder ocupa un lugar único en la historia del narcotráfico. Revolucionó el transporte de cocaína, estableciendo el modelo de puente aéreo que luego sería imitado por otros carteles. Su imperio en Cayo Norman fue el centro logístico más sofisticado de su época, y su alianza con Pablo Escobar y los Ochoa fue fundamental para la consolidación del Cartel de Medellín.
Como dijo la Revista Semana días después de su caída: “Carlos Lehder Rivas es quizá el único de los grandes jefes de la mafia colombiana que más que empleados, ha tenido seguidores. Encarretador, mesiánico y obsesivo, es también el único que se preocupó por formarse culturalmente”.
Su vida de excentricidades y lujos, su megalomanía y su obsesión por John Lennon y la cultura alemana lo convirtieron en una figura legendaria, un personaje que parecía salido de una película. Y, de hecho, su historia inspiró la serie Narcos y múltiples documentales. Carlos Lehder, Crazy Charlie, el hombre que quiso inundar Estados Unidos de cocaína desde su isla en el paraíso, sigue siendo uno de los capos más fascinantes y estrambóticos que haya dado el narcotráfico colombiano.
El Patrón del Mal: La mente criminal que desafió a un continente
Con una mezcla de astucia criminal y liderazgo carismático, Pablo Escobar Gaviria se erigió como el arquitecto supremo del Cartel de Medellín. Su mente calculadora y su capacidad para tomar decisiones despiadadas lo convirtieron en el “Patrón” indiscutible —un título que llevaba con igual parte de orgullo y terror. Bajo su mando, la organización no solo dominó el tráfico global de cocaína, sino que tejió una red de corrupción y violencia que sacudió los cimientos de Colombia y más allá.
Ver CompletoEl lado oscuro del Cartel: Gonzalo Rodríguez Gacha (Alias el Mexicano)
Fue el lugarteniente y mano derecha de Pablo Escobar. Alias el mexicano era uno de los capos más violentos dentro del Cartel de Medellín y era quien manejaba todo el ala militar de la organización. Gracias a la nueva ruta que se ingenio por México con Félix Gallardo, logro escalar rápidamente por encima de sus socios. Para saber todo sobre su ascenso en el narcotráfico y su carrera delictiva dentro del cartel hasta su muerte. Haz clic en el botón de abajo para ver el contenido completo.
Ver CompletoLos Ochoa: La ‘familia real’ del Cartel de Medellín
Un linaje de hacendados: Los orígenes del clan de los Ochoa
Lo primero que hay que decir es que esta familia patriarcal tradicional de Medellín se mantuvo siempre unida. Siendo un clan pudiente y muy distinguido en Antioquia. Esto gracias a su abuelo Abelardo Ochoa González que siguió la tradición de hacendado cuya afición estaba inclinada por los caballos de paso.
Su conocimiento le llevó a ser premiado con la Cruz de Boyacá por haber organizado la primera Feria ganadera en 1932. Su talento le permitió seleccionar animales de diferentes especies para mejorar las razas colombianas, trayendo los mejores ejemplares de Europa a Colombia para conseguir los mejores cruces.
Esto lo hereda su hijo Fabio Ochoa Restrepo, quien es el padre del clan de los Ochoa (Juan David, Jorge Luis y Fabio Ochoa Vásquez) que llegaron a ser los principales socios de Pablo Escobar en el negocio del narcotráfico. Don Fabio, nacido el 12 de mayo de 1924 en Salgar, Antioquia, era un reconocido empresario, ganadero y hacendado, propietario del criadero La Margarita del 8 y del estadero Las Margaritas.
Don Fabio Ochoa Restrepo tenía un estadero llamado Las Margaritas, un sitio reconocido en donde asistían los ricos de Medellín amantes de los caballos de pura raza, bien fueran contrabandistas o delincuentes de alta alcurnia que algunas veces querían socializar.
La cría de caballos de paso fino era su gran pasión, y llegó a tener alrededor de 1.000 ejemplares de pura raza en sus propiedades. Fue responsable de algunos de los grandes especímenes del mundo equino como “Terremoto de Manizales” y “Tupac Amaru”, este último propiedad de su socio Gonzalo Rodríguez Gacha, “El Mexicano”.
La forja de un imperio: El primer Ochoa en Estados Unidos
Aunque ganaban bien, tenían que trabajar muy duro, ya que el trabajo de la hacienda lo requería para poder sostenerse. Su mamá cocinaba con carbón y ellos colaboraban trabajando hasta la madrugada luego de llegar del colegio. Esto llevó a que más adelante Jorge Luis Ochoa dejara sus estudios para buscar mejores oportunidades en Estados Unidos.
Llegó a Texas a trabajar como chalán por un tiempo, pero al no sentirse conforme decide trasladarse hacia Miami en donde consigue un trabajo en una fábrica de maderas. En ese entorno, un profesor le consulta si no sabe de alguien que le pueda conseguir “polvo blanco”. Jorge Luis, con su habilidad y desenvolvimiento social, logra dar con un contacto que le vende el producto. Este se lo ofrece al profesor quien le paga muy bien. Allí se da cuenta de que ese era el negocio.
Jorge Luis sabía además que la marihuana en aquella época se había encargado de abrir las líneas de distribución clandestina. Lo único que se necesitaba era un material que tuviera aceptación entre el consumidor. Y ese era nada más ni menos que el polvo blanco, de quien ya tenía conocimiento se estaba procesando en Colombia.
Fue así como Jorge Luis Ochoa empezó a trabajar con otros socios en aquel país para establecer un centro de operaciones en Colombia que quería que estuviese conformado por su familia. Su padre Fabio Ochoa Restrepo, quien era el hombre más sensato a la hora de tomar decisiones en la familia, y sus hermanos Juan David, Fabio, Cristina María, Ángela María y Martha Nieves Ochoa.
Los primeros pasos y los riesgos del oficio
Todo estuvo marchando bien en sus inicios con algunos altibajos como la detención de su hermana Ángela María Ochoa Vásquez, quien fue arrestada en Miami en 1977 por posesión de kilo y medio de cocaína, que transportaba oculto en su sostén. Aunque se consideraban gajes del oficio, siempre supo que algún porcentaje mínimo siempre estaría en riesgo, pues hacía parte del negocio.
Esta experiencia le llevaría a asumir el liderazgo y mejorar la estrategia para colonizar los mercados de la cocaína en Estados Unidos.
En Colombia todo estuvo marchando correctamente sin saltos exponenciales en el negocio. Pues se acostumbraron a su ritmo y le enviaban a Estados Unidos lo que necesitaban.
El encuentro con Pablo Escobar
Todo cambia cuando en Colombia se conocen con dos paisanos que andaban incursionando en el mismo negocio: se trataba de Pablo Escobar Gaviria y su primo Gustavo Gaviria. Quienes necesitaban vender la pasta que traían directamente de los países vecinos (Ecuador y Bolivia) donde se cultivaba la hoja de coca.
Para entender cómo se produjo este encuentro, hay que partir de una realidad que el propio Jorge Luis Ochoa describió en su entrevista para PBS Frontline: “Medellín es una ciudad muy pequeña y todo el mundo se entera de lo que hace la gente”. En ese ecosistema cerrado, las fronteras entre el hampa y la alta sociedad eran difusas, y los nombres circulaban con facilidad.
Jorge Luis Ochoa declaró: “Conocí a Pablo Escobar desde hace muchos años. Lo conocí en el negocio porque él estaba involucrado en este negocio. Pero no era un muy buen amigo ni nada. Todo el mundo hablaba de él, pero no era un amigo muy, muy cercano. Pero esta es una ciudad pequeña y todo el mundo se conoce. Todo el mundo te conoce y siempre conoces a todo el mundo, incluyendo a Pablo Escobar”.
Estos primeros acercamientos permitieron cimentar la confianza entre ellos y así mismo consolidar una buena amistad.
A diferencia de la historia de Carlos Lehder —quien fue presentado a Escobar por Gustavo Gaviria en el concesionario de autos—, el encuentro entre los Ochoa y Escobar parece haber sido más orgánico. No existió un intermediario único o una presentación formal. Fue el resultado de un ecosistema criminal compartido donde todos se movían en los mismos círculos.
Jorge Luis Ochoa lo explicó con claridad: “Lo conocí en el negocio porque él estaba involucrado en este negocio”. La naturaleza del negocio los reunió, no una presentación formal.
Sin embargo, los hermanos Ochoa ya tenían reputación en el bajo mundo de Medellín por su red de distribución en Estados Unidos y por su linaje familiar de hacendados. Y Escobar, por su parte, ya era conocido como un contrabandista que estaba dando el salto a la cocaína. Ambos grupos operaban en el mismo territorio y necesitaban lo que el otro tenía.
Gustavo de Jesús Gaviria Rivero, primo de Pablo Escobar, fue el segundo al mando y el cerebro financiero del cartel. Como se describe en múltiples fuentes, Gustavo era el responsable de las finanzas y las rutas comerciales de la organización.
Gustavo no solo acompañaba a Pablo en los negocios; también tenía vínculos personales con los Ochoa. Según algunas fuentes, Gustavo mantuvo una relación extramatrimonial con Marina Ochoa, una de las hermanas de los Ochoa. Este vínculo, aunque eventualmente se convertiría en un factor de tensión, en sus inicios pudo haber facilitado la confianza entre las familias.
La cercanía entre Gustavo y los Ochoa —incluyendo el vínculo romántico con Marina— sugiere que la relación entre ambos clanes no era puramente comercial: había lazos personales que ayudaron a cementar la alianza.
Los hermanos Ochoa, que ya tenían la red de distribución en Estados Unidos, se convirtieron en el complemento perfecto para Escobar, que necesitaba canales para colocar su producto.
La relación era funcional y pragmática:
- Los Ochoa tenían la infraestructura en Estados Unidos: contactos, compradores, rutas establecidas.
- Escobar y Gaviria tenían acceso a la pasta de coca proveniente de los países vecinos y capacidad para procesarla.
Jorge Luis Ochoa describió cómo era el negocio en sus inicios: “No tenías tu propio laboratorio en ese momento… Había personas que te lo vendían, había personas que lo compraban, y había intermediarios que ofrecían la cocaína”. En esa cadena, cada uno cumplía su rol.
Además, según declaró en la misma entrevista, el negocio creció de forma casi natural: “El negocio empezó a crecer como cualquier negocio. Se convierte en una bola de nieve. Crece por sí mismo, y la demanda lo hace crecer. El negocio crece por sí solo, no porque tú quieras que crezca, sino porque el negocio mismo empieza a crecer. Parecía un juego, y nadie le prestaba atención. Nadie, nadie”.
El secuestro de Martha Nieves y el nacimiento del MAS
Una amistad que se sella prácticamente con aquel lamentable suceso ocurrido al clan de los Ochoa el 12 de noviembre de 1981, cuando guerrilleros del M-19 secuestraron a Martha Nieves Ochoa, su hermana, de 26 años y estudiante de economía, pidiendo por su liberación la suma de 12 millones de dólares.
Gracias al accionar de Pablo Escobar y la colaboración de los demás conocidos de los Ochoa logran rescatar a su hermana. A través de la conformación de un grupo paramilitar conocido como el MAS (Muerte a Secuestradores). La reunión para crearlo se celebró en el Hotel Intercontinental de Medellín, convocada por los hermanos Ochoa, y contó con la asistencia de 223 personas, incluyendo capos de la droga, miembros del Ejército Nacional y directivos de empresas.
El MAS, que llegó a contar con al menos 2.000 hombres armados, tenía como objetivo dar con el paradero de Martha Ochoa sin tener que dar un solo peso, exterminando si fuera necesario a todo el M-19. Algo que funcionó y que dio pie para afirmar que el Cartel de Medellín fue el fundador de los primeros grupos paramilitares. Después de que Martha fuera liberada ilesa en febrero de 1982, el MAS continuó con una ola de asesinatos selectivos que dejó alrededor de 100 muertos en menos de tres meses.
El nacimiento del Cartel de Medellín
Es así como se conformaría el Cartel de Medellín, que no sería posible sin la participación del clan de los Ochoa, quienes abrieron todas las conexiones posibles para despachar la droga de Colombia.
Entre 1981 y 1982, la alianza entre la familia Ochoa, Pablo Escobar, Carlos Lehder y Gonzalo Rodríguez Gacha se fortaleció hasta convertirse en lo que se conoció como el Cartel de Medellín. Los narcotraficantes cooperaban en la fabricación, distribución y comercialización de su cocaína.
Se supo que el clan de los Ochoa llegó a controlar el 30% de la cocaína exportada por el Cartel de Medellín, que a su vez dominaba el mercado del 80% de la que llegaba a los Estados Unidos. En 1987, la revista Forbes incluyó a Jorge Luis Ochoa entre los veinte hombres más ricos del mundo, con una fortuna estimada cercana a los 3.000 millones de dólares.
Es por esta razón que Pablo Escobar siempre llegó a considerar a Jorge Luis Ochoa como su socio principal y quien siempre estaba a su altura. Por eso siempre respetó sus decisiones dentro del cartel de Medellín, apoyando incluso algunas de sus ideas. Según Jhon Jairo Velásquez “Popeye”, Jorge Luis Ochoa fue el único a quien Pablo Escobar llamaba “patrón”.
El momento de distanciamiento y la ruptura
La relación no fue siempre armónica. Hubo momentos de tensión y distanciamiento. El primero de ellos se dio por el diferente enfoque respecto a cómo manejar la guerra y la exposición pública.
Cuando la violencia escaló y el gobierno comenzó a perseguir al cartel, los Ochoa tomaron una decisión pragmática: negociar su rendición con el gobierno de César Gaviria. Esta decisión marcó un quiebre profundo con Escobar.
Los Ochoa instaron a Escobar a seguir el mismo camino: someterse a la justicia y dejar la confrontación violenta. Pero Escobar rechazó tajantemente la propuesta. Según revelaron familiares de Escobar a la revista Semana, su respuesta fue: “Díganle a los Ochoa que yo a este mundo no vine a comer ni a cagar, sino a dejar historia”.
Este episodio selló la ruptura definitiva. Escobar, herido por lo que consideró una traición y una muestra de debilidad, nunca perdonó a los Ochoa por haberse rendido mientras él seguía en la guerra.
El distanciamiento se profundizó cuando, en plena guerra con el grupo paramilitar Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), una de las esposas de los hermanos Ochoa habría filtrado información sobre los movimientos de Escobar.
Según familiares de Escobar: “Cuando estaban en plena guerra, la casa donde vivía la esposa y la hija de Pablo se llamaba Altos del Campestre. En ese mismo sitio vivían las esposas de los hermanos Ochoa. Una de ellas se comprometió con Los Pepes a entregar información para que pudieran coger a Pablo cuando saliera de ahí”.
La precisión de los seguimientos puso en jaque a Escobar. “Ellos sabían los carros en los que Pablo andaba porque ella era la que entregaba esa información. Cuando Pablo murió, murió muy ofendido con ellos porque lo estaban delatando, entregándolo para que lo mataran”.
Cuando Pablo Escobar fue abatido en 1993, según los familiares del capo, “murió muy ofendido con ellos porque lo estaban delatando, entregándolo para que lo mataran”. La relación entre los Ochoa y Escobar, que alguna vez fue de aliados estratégicos, terminó marcada por diferencias irreconciliables.
La rendición estratégica y el fin del cartel
La demás historia del cartel de Medellín ya es cuento aparte. Solo por añadir que el Clan de los Ochoa se entregaron a la justicia colombiana en 1991 recibiendo beneficios jurídicos ofrecidos por el entonces presidente César Gaviria, y recobraron su libertad cinco años más tarde.
El decreto gubernamental garantizaba la no extradición a Estados Unidos, rebaja de penas y un juicio imparcial en Colombia a los narcotraficantes que voluntariamente se entregaran.
Jorge Luis fue el primero en entregarse, el 15 de enero de 1991, siendo condenado a 8 años y 4 meses de prisión, aunque cumplió efectivamente 5 años, 5 meses y 21 días gracias a las rebajas en su pena. Fue liberado el 5 de julio de 1996. Le siguió su hermano Juan David, que recibió una condena de 5 años.
Una jugada muy hábil por parte de Jorge Luis Ochoa que al final logró evadir la extradición y pagar el mínimo de sus delitos en Colombia. Algo muy diferente a su socio Pablo Escobar, quien no siguió el mismo camino, pues le incumplió al Estado e inició de nuevo una guerra contra el Estado y sus enemigos, que al final le llevaron a su muerte.
El más joven de los hermanos, Fabio Ochoa Jr. (“Fabito”), tuvo un destino distinto. Prefirió seguir traficando cocaína con Escobar y, tras ser capturado en 1999 durante la operación “Milenio”, fue extraditado a Estados Unidos en 2001 y condenado a 30 años de prisión. Fue deportado a Colombia el 23 de diciembre de 2024, tras cumplir 26 años de condena.
Don Fabio Ochoa Restrepo, el patriarca, defendió hasta el último momento la inocencia de su hijo menor, declarando a un canal de televisión: “El que no la debe no tiene por qué pagarla”. Falleció en febrero de 2002 en Envigado, a los 77 años, a causa de una infección renal, agravada por su obesidad mórbida.
Gustavo Gaviria (El arquitecto financiero del Cartel de Medellín)
El hombre detrás del imperio
Gustavo de Jesús Gaviria Rivero es, probablemente, el personaje más subestimado en la historia del Cartel de Medellín. Mientras Pablo Escobar se convirtió en el rostro público de la organización criminal más poderosa del mundo, Gustavo permaneció deliberadamente en las sombras, construyendo desde allí la infraestructura que permitió mover toneladas de cocaína a través de continentes. La mayoría de investigadores serios coinciden en que fue el arquitecto financiero y organizacional de la empresa criminal, hasta el punto de que varios agentes de la DEA afirmaron posteriormente que era el hombre que más conocía el funcionamiento interno del cartel.
Nacido el 25 de diciembre de 1946 en Pereira, Risaralda, Gustavo era tres años mayor que su primo Pablo, y ambos crecieron en familias de clase media que, paradójicamente, los impulsaron hacia el mundo delictivo. Como describió el autor Mark Bowden a The New York Times: “Pablo comenzó su carrera criminal como un matón menor en Medellín y él y Gustavo fueron socios en una serie de empresas criminales menores: robar lápidas de cementerios y pedir rescate por ellas, robar llantas, autos”. Desde muy temprano, su relación fue inseparable, tanto en lo personal como en lo criminal. Mientras Pablo se inclinaba por la violencia y el liderazgo carismático, Gustavo mostraba una habilidad natural para los números, la logística y la administración.
Los primeros pasos en el narcotráfico comenzaron a principios de los años setenta, cuando Gustavo y su primo incursionaron en el transporte de cocaína desde Perú y Ecuador hasta Colombia. En 1976, ambos fueron detenidos cerca de Medellín cuando llevaban camuflados en la llanta de un camión casi 20 kilos de cocaína. Estuvieron tres meses en prisión junto con otros seis hombres, pero ese revés no detuvo su ascenso. Por el contrario, les enseñó la importancia de la discreción y la planificación meticulosa, lecciones que Gustavo nunca olvidaría.
El cerebro financiero del Cartel
A medida que el negocio crecía, también lo hacía la dependencia de Escobar de su primo. Mientras Pablo se convertía en el líder político y militar del cartel, Gustavo se encargaba de todo lo demás. No era simplemente un “segundo al mando”; era quien convertía las ideas de Escobar en una estructura empresarial funcional. Su papel se dividía en múltiples áreas: administración de las finanzas, diseño de rutas internacionales, compra de laboratorios e insumos químicos, pago de proveedores, manejo de testaferros, lavado de dinero, reinversión de las ganancias y supervisión logística de los envíos.
Para entender la magnitud de su responsabilidad, hay que considerar que el Cartel de Medellín no era únicamente un grupo armado. Era una multinacional criminal que necesitaba mover decenas de toneladas de cocaína cada mes. Eso requería pilotos, barcos, laboratorios, empresas fachada, bancos, abogados, contadores, sobornos, casas de seguridad, transporte terrestre y redes internacionales. Todo ese sistema requería a alguien extremadamente organizado, y ese alguien era Gustavo. Mientras Pablo pensaba en cómo expandirse o responder violentamente a sus enemigos, Gustavo organizaba la infraestructura necesaria para que toneladas de cocaína llegaran a Estados Unidos y Europa sin detener el flujo de dinero.
Controlaba las finanzas de una organización que llegó a facturar unos 4 mil millones de dólares al año. Su fortuna personal era comparable a la de Escobar, aunque nunca la exhibió. Mientras Pablo construía haciendas como Nápoles y se rodeaba de animales exóticos, Gustavo prefería la discreción de una vida sin lujos ostentosos. Esta diferencia de personalidades no era casualidad: Gustavo entendía que la exposición era el enemigo del negocio.
Dentro de la estructura del cartel, ocupaba el segundo puesto de la organización. La jerarquía aproximada era: Pablo Escobar como líder político y militar; Gustavo Gaviria como arquitecto financiero y administrativo; Roberto Escobar en la administración y contabilidad; la familia Ochoa como aliados comerciales; Carlos Lehder en la ruta del Caribe y Bahamas; y Gonzalo Rodríguez Gacha en la expansión territorial, laboratorios y aparato militar. Aunque muchos socios tenían enormes fortunas, muy pocos tenían el acceso que Gustavo tenía. Él conocía prácticamente todas las rutas, todas las cuentas, los proveedores, los compradores, las conexiones internacionales, los laboratorios y los jefes regionales. Por eso, para las autoridades era uno de los objetivos prioritarios.
Su alias más documentado fue “El León”, aunque dentro del cartel también circulaban otros apodos informales mencionados por antiguos integrantes como Jhon Jairo Velásquez (“Popeye”): Gustavo Dinero, El cerebro, El financiero. Según esos testimonios, mientras Pablo era asociado con la violencia (“Pablo Sangre”), Gustavo representaba el dinero y la administración (“Gustavo Dinero”). También se le conocía como “El Doctor”. Estas denominaciones provienen principalmente de relatos de exintegrantes y no de documentos oficiales, por lo que deben tratarse como testimonios y no como alias formalmente registrados.
Una de las preguntas más fascinantes sobre Gustavo Gaviria es por qué existe tan poca información sobre él. La respuesta tiene múltiples capas. En primer lugar, él mismo evitaba la exposición: nunca buscó cargos públicos, nunca hizo campañas políticas, nunca dio entrevistas, no asistía a eventos donde pudiera ser fotografiado y prefería mantenerse invisible. En segundo lugar, Pablo absorbía toda la atención mediática. Escobar era congresista, benefactor popular, enemigo del Estado y protagonista de atentados; toda la prensa hablaba de Pablo mientras Gustavo trabajaba desde la sombra. En tercer lugar, era una decisión estratégica: si el Estado identificaba completamente al administrador del cartel, podía congelar cuentas, seguir el dinero, descubrir laboratorios e interceptar rutas. El anonimato era parte de su función. Finalmente, murió antes del auge mediático de Escobar. Gustavo cayó en agosto de 1990, y Pablo permaneció vivo hasta diciembre de 1993. Los tres años siguientes concentraron los mayores operativos, persecuciones y cobertura periodística internacional sobre Escobar. Gustavo ya no estaba para aparecer en esa narrativa.
La caída del León y el principio del fin
Su verdadera notoriedad comenzó entre 1988 y 1990, cuando las investigaciones de inteligencia colombianas y estadounidenses lo identificaron como el segundo hombre del Cartel de Medellín. Tras su muerte, los periódicos nacionales lo describieron abiertamente como el “subjefe” o “segundo hombre” del cartel. Para ese entonces, la policía ya lo consideraba el número dos de la organización, encargado de coordinar las acciones contra el Estado y manejar el dinero para pagar a los criminales.
El 11 de agosto de 1990, Gustavo Gaviria fue abatido en un tiroteo con la policía en el barrio Laureles de Medellín. Según el informe de UPI, la policía allanó una casa fuertemente fortificada con vidrios a prueba de balas. Gaviria, que opuso resistencia, murió en el intercambio de disparos mientras disparaba una metralleta Uzi contra los oficiales de las Fuerzas Élite de la Policía Nacional. El oficial estadounidense declaró: “Cuando Pablo perdió a Pinina, sufrió un golpe significativo”.
Su muerte fue probablemente el golpe más duro que recibió Pablo Escobar antes de la caída definitiva del cartel. Según testimonios de investigadores y antiguos miembros del cartel, Pablo perdió a su principal consejero, las finanzas se desorganizaron, se rompió la coordinación logística, aumentaron los errores operativos y Escobar comenzó a involucrarse personalmente en asuntos que antes delegaba. Mark Bowden, autor de Killing Pablo, señaló que Escobar siempre afirmó que su primo había sido secuestrado, torturado y ejecutado, no abatido en un tiroteo. La muerte de Gustavo se convirtió en el “principio del fin” para Escobar y el cartel.
Escobar no asistió al funeral de su primo, pero escuchó la misa fúnebre a través de una radio que su asistente había colocado junto al sacerdote que oficiaba el servicio. Días después, Escobar inició una contraofensiva que desestabilizó al nuevo gobierno del presidente César Gaviria, quien había asumido el cargo solo cinco días antes de la muerte de Gustavo.
Si Pablo Escobar fue el rostro, el jefe político y el comandante militar del Cartel de Medellín, Gustavo Gaviria fue su arquitecto administrativo y financiero. Su mayor fortaleza no era el uso de la violencia, sino su capacidad para transformar una red de contrabandistas en una organización criminal con alcance internacional. Su bajo perfil, mantenido de forma deliberada, explica por qué existen menos fotografías, entrevistas y documentos sobre él que sobre otros capos. Sin embargo, entre historiadores, periodistas especializados y antiguos investigadores de la DEA, existe un amplio consenso en que su papel fue decisivo para el crecimiento y la consolidación del Cartel de Medellín. Como resumió un oficial estadounidense en 1990, Gaviria era el hombre que dirigía las operaciones del día a día de la organización mientras Escobar intentaba mantenerse un paso adelante de la persecución. Su muerte marcó el principio del fin del imperio criminal que ambos habían construido juntos.
✈️ Barry Seal (El piloto de la Mafia)
Los Orígenes de un Aviador Nato
Piloto de aviones Adler Berriman Seal, más conocido como «Barry Seal» o el Gordo, del cual se hizo una película (American Made, 2017) de acción que estuvo basada en algunos hechos reales que tienen que ver con la vida de este gran informante norteamericano.
Nació en Baton Rouge, Louisiana, el 16 de julio de 1939 en el seno de una familia típica estadounidense. Su padre, mayorista de caramelos, era miembro del Ku Klux Klan.
Su fascinación por la aviación viene de su adolescencia, en donde le gustaba pasar buen tiempo viendo aviones en acción. Luego haría su primer curso de aviación con el instructor Eddie Duffard, quien vio la pericia en su alumno a quien veía constantemente probar algo nuevo.
El 16 de julio de 1955, cuando cumplió 16 años, Seal obtuvo su licencia de piloto. Se convirtió en el piloto más joven de Estados Unidos en hacer su primer vuelo solitario a los 15 años.
Luego se unió a la Patrulla Aérea Civil (CAP) en Baton Rouge, donde participó en una misión de entrenamiento conjunta de CAP con la unidad de Nueva Orleans que estaba dirigida por David Ferrie. Según John Odom, un antiguo miembro de la Patrulla, Seal fue compañero de Lee Harvey Oswald durante su entrenamiento.
El Salto a la Aviación Comercial y la CIA
Poco después se fue a trabajar para Howard Hughes y la TWA Corporation, donde permaneció hasta su despido en julio de 1972, en medio de una causa judicial por contrabando de explosivo plástico. Fue contratado por TWA en 1964 y a los 26 años se convirtió en uno de los capitanes más jóvenes de un Boeing 707.
Luego de ese periodo se sabe que Barry Seal comienza a trabajar para la Agencia Central de Inteligencia. En realidad, Seal afirmó que comenzó a realizar operaciones encubiertas para varias agencias gubernamentales a finales de la década de 1950, mientras era miembro de la Patrulla Aérea Civil en Nueva Orleans, mucho antes de convertirse en piloto de TWA.
Pasado un tiempo sus operaciones se volvían más exigentes, empezando a transportar armas a Fidel Castro para luchar contra el régimen de Fulgencio Batista en Cuba. Pues en ese momento la CIA apoyaba el derrocamiento de Batista. Sin embargo, la política cambió poco después de que Castro ganó el poder y se dice que Seal participó en ataques aéreos contra el nuevo gobierno.
Un año después, Barry Seal se convirtió en piloto de la CIA en Guatemala. Es en esa etapa donde Seal se destaca en sus operaciones en la lucha contra el ejército sandinista en el marco de la Revolución Nicaragüense, además de ayudar a financiar la lucha armada en Irán en la guerra Irán-Irak.
El Inicio en el Narcotráfico
Tiempo después, Barry Seal al conocer cómo operaba el negocio de la marihuana decide contrabandear drogas para el año 1975, relacionándose principalmente con cultivadores de marihuana sudamericanos hasta 1976. Según su viuda Deborah Seal, comenzó a traficar marihuana en 1975 y luego agregó la cocaína a su currículum en 1978.
En el año 1979, el 10 de diciembre, Barry Seal y Steve fueron detenidos en Honduras, luego de llegar de Ecuador con 40 kilos de cocaína. Según fuentes periodísticas se llegó a informar que se le confiscaron 25 millones de dólares y que los hombres fueron acusados de tener 17 kilos de cocaína en su poder. En aquella prisión hondureña pasaría 9 meses detenido.
Más adelante tendría la oportunidad de reunirse con el gerente comercial de Jorge Ochoa en Nueva Orleans. Alguien llamado William Roger Reeves, que sería la persona que le presentaría su enlace principal con el Cartel de Medellín. La amistad entre ambos llevaría a que Barry Seal por fin fuese presentado con la Familia Ochoa del Cartel de Medellín.
El Piloto del Cartel de Medellín
Desde aquel momento, Seal junto a su copiloto se dedicaron a transportar cocaína por el aire para el Cartel. Sería a finales de 1981 cuando Barry comienza a trabajar oficialmente como piloto dentro de la organización, pasando a dirigir avionetas que cargaban 100 kilos de cocaína.
Durante esa época se tenía conocimiento que de la pista Nápoles salía el 80% de la cocaína suministrada a Estados Unidos y al mundo. También se empleaba el aeropuerto Olaya Herrera y los aeródromos de la Guajira.
En aquella época se haría conocer dentro de la cúpula paisa como “El Gordo”. Llevando su operación de envíos a niveles máximos, cobrando según fuentes hasta 500 mil dólares por vuelo. Esto gracias a que Seal destacó en el cartel como piloto de sus propios aviones, en donde contaba con cuatro DC-10 a los que le gustaba llamar «The Marihuana Air Force». Una flota de aeronaves repletas de coca desde Colombia hasta el sur de Florida.
Sin contar sus habilidades en este negocio, pues se dice que fue el precursor de métodos para introducir drogas y armas al corazón de Estados Unidos. Como por ejemplo el diseñar un sistema de alijo mediante el cual un solo piloto lanzaba la carga al vacío, atada a un paracaídas que se abría al caer; dicha mercancía iba con un rastreador que emitía una señal y al instante aparecía un helicóptero que descendía y enganchaba el cargamento. Luego, con una precisión milimétrica, aparecía un camión que circulaba a velocidad moderada, a la espera de que el helicóptero depositara la cocaína en la parte trasera.
La misma operación se repetía con el lanzamiento de la droga en pantanos y era recogida en aerodeslizador. Una maniobra que le llevó a contratar más pilotos, incrementar la frecuencia de los viajes y convertir su centro de operaciones Mena en todo un emporio de prosperidad. Pues este aeropuerto ubicado en el estado de Arkansas le sirvió para el contrabando internacional.
Aprovechando el respaldo de la CIA en otras operaciones alternas llegó a transportar hasta una tonelada en un avión. Y fue así que logró un escalafón importante dentro de la organización llegando a una remuneración de 1.5 millones de dólares por viaje.
Siendo conocido además dentro del círculo más íntimo del cartel como Mackenzie. Tanta fue su popularidad y confianza ganada dentro del Cartel, que el clan de los Ochoa lo acogieron muy bien dentro de sus afectos. Y Pablo Escobar lo recordaba como el gringo loco al aterrizar con pericia en la pista de la hacienda Nápoles evitando estrellarse y parar en un abismo.
Toda esta sociedad con el piloto Barry Seal llevó a lograr uno de los mayores impactos en la epidemia de cocaína en los Estados Unidos a principios de la década de 1980, en donde Seal ganó aproximadamente $60 millones con el contrabando de drogas al país y se convirtió en una de las personas más ricas de Estados Unidos.
La Captura y el Acuerdo con la DEA
Pero dicha felicidad no le duraría mucho y comenzaría sus problemas con la justicia. Todo ocurriría para el año 1983 cuando Seal es detenido por transportar cocaína de Colombia a Florida. Fue arrestado en Fort Lauderdale, Florida, por lavado de dinero y contrabando de Quaalude.
La CIA en ese momento no pudo intervenir pues no iban a poner en riesgo sus demás operaciones por defender a Seal. Ya que esto pondría en evidencia la relación existente entre Barry Seal y la CIA. Según el libro Smuggler’s End, no hay evidencia que confirme que Seal trabajara para la CIA en la década de 1980 antes de convertirse en informante.
Barry Seal decide entonces apostar al mejor postor para salvar su pellejo y así no le queda de otra que trabajar de informante para la DEA. En donde pone al descubierto cómo era la forma en que operaba el temido Cartel de Medellín. La idea de la DEA entonces fue infiltrar un caballo de Troya que más adelante les daría la ubicación exacta de sus cabecillas.
La Misión en Nicaragua
Lo primero que se le ocurre a Barry Seal para darle un buen resultado a la DEA fue idearse una reunión con los del Cartel de Medellín para entregarlos a todos. Para ello se reúne con la cúpula paisa en Panamá, allí les plantea a los capos del Cartel de Medellín que los ocultaría en su casa de Baton Rouge, Luisiana, con el argumento de que estarían más seguros en territorio estadounidense que fuera de él. Esto aprovechando que para aquel momento el cartel estaba siendo perseguido por el gobierno colombiano a raíz de la muerte del ministro Lara Bonilla.
Barry Seal pensó que ya los había convencido, pero a la esposa de uno de los capos, a Dolly Moncada, esta idea no le da buena espina, le huele a trampa, por lo que deciden no optar por esa propuesta y buscar otras ideas más sensatas.
La maniobra entonces es abortada y los agentes de inteligencia de la DEA montaron una temeraria operación en la que Seal pilotaría un avión bimotor (el Fairchild C-123 Provider) con una potente cámara fotográfica oculta en el fuselaje. La idea era probar los nexos del régimen sandinista de Nicaragua con la mafia colombiana.
Pues estos ya venían siguiéndole la pista al régimen sandinista, más con la información otorgada por el soplón de Seal tenían que dar un golpe contundente. Pues Seal les confirmó que el Cartel de Medellín usaba a Nicaragua como punto de embarque y despegue de droga hacia Estados Unidos. Ya que el gobierno de izquierda sandinista financiaba su revolución con los dividendos derivados del tráfico de esta droga.
Es así que para el año de 1984 se da un gran golpe al Cartel de Medellín al fotografiar en Nicaragua a Pablo Escobar, Gacha y el funcionario sandinista Federico Vaughan subiendo la droga a los aviones junto con los demás militares nicaragüenses.
Pocos días después Barry Seal terminaría por convertirse en el testigo estrella contra el Cartel de Medellín y la Revolución Sandinista de Nicaragua. Sería este quien informaría cómo el general Noriega estaba vinculado al tráfico de drogas y cómo este mismo ejercía poder sobre políticos norteamericanos. Como por ejemplo el estrecho contacto que tenía con el presidente Ronald Reagan. Testimonio que casi termina con la presidencia de Reagan.
La Traición Descubierta y la Sentencia de Muerte
Todo se mantuvo en secreto pero a raíz de estos acontecimientos, el Senado en Estados Unidos presionó al presidente Ronald Reagan por resultados de la lucha contra el Comunismo. Y para rematar se filtraron en la prensa las imágenes captadas con el gobierno de Nicaragua y el Cartel de Medellín. Además de que un medio reveló que Barry Seal era un agente encubierto del gobierno.
En ese momento el clan de los Ochoa se negaban a creerlo pues estos siempre le abrieron las puertas de su casa a aquel individuo carismático que les inspiraba confianza. Jorge Ochoa fue quien más rabia le dio pues ya se encontraba detenido en España y era solicitado en extradición. Y ahora con las nuevas declaraciones del soplón estaría en graves problemas. Al igual que sus socios Pablo Escobar y Rodríguez Gacha quienes ya estaban en la lista para ser extraditados.
Entonces el Cartel de Medellín ofreció 1000 dólares a quien secuestrara a Barry Seal y lo llevara a Colombia, o USD$500 para matarlo. Esto mientras Jorge Luis Ochoa y Pablo Escobar miraban cómo deshacerse de él. Enviarían entonces a Estados Unidos a tres sicarios: Luis Quintero Cruz, Bernardo Vásquez y Miguel Vélez. Al mando de Guillermo Zuluaga alias Cuchilla quien ya le venía haciendo inteligencia al gringo en aquel país.
Allí lo ubican fácil pero su operación de ejecución sí le tomaría más tiempo ya que estaba confinado en la base militar en Baton Rouge, estado norte de Louisiana. Le siguen sus movimientos y rutinas hasta que un día, Seal se siente seguro pues ya había obtenido libertad condicional, así que andaba a sus anchas en Florida.
El Asesinato
El 19 de febrero de 1986 interceptan a Barry Seal en Baton Rouge, en el parqueadero del edificio donde rutinariamente dejaba su auto. Allí lo asesinan de seis tiros de una ametralladora Mac 10 cuando iba en su Cadillac, según reportó en esa época The New York Times. Mientras estaba sentado en su Cadillac, un hombre portando una metralleta Ingram MAC-10 se aproximó a él, vaciando el cargador en Seal y matándolo instantáneamente.
Luego los 3 sicarios serían detenidos por una infracción que cometieron en el auto donde huían. Sin dejar cabos sueltos pues quien los contrató nunca les dijo para quiénes trabajaban. Luis Carlos Quintero-Cruz fue identificado como el hombre que disparó. Los tres fueron convictos del asesinato y sentenciados a cadena perpetua.
Después de la muerte de Barry Seal, Jorge Luis fue liberado y regresó a Colombia para continuar con su negocio junto al Cartel de Medellín.
El Legado de Barry Seal
Barry Seal ocupa un lugar único en la historia del narcotráfico como el piloto que revolucionó el transporte aéreo de cocaína y se convirtió en el informante más importante de la DEA en la lucha contra el Cartel de Medellín. Su vida inspiró la película American Made (2017), protagonizada por Tom Cruise, que aunque toma licencias creativas, captura la esencia de un hombre que vivió al límite y pagó el precio más alto por su traición al cartel.
Según su viuda Debbie Seal, la película capturó su carisma: “Era tan encantador y carismático como lo muestra Tom Cruise. Tenía ese mismo brillo en los ojos, esa misma sonrisa de cien vatios”.
Los Socios Estratégicos del Cartel de Medellín: El Eslabón Olvidado
Los Engranajes Invisibles del Imperio
Más allá de las grandes figuras que dominaron los titulares —Pablo Escobar, Gustavo Gaviria, los Ochoa, Carlos Lehder y Rodríguez Gacha— existió una red de hombres clave que hicieron posible la maquinaria criminal más poderosa del siglo XX. No eran fundadores ni líderes mediáticos, pero sin ellos el Cartel de Medellín nunca habría alcanzado la capacidad operativa que lo convirtió en una amenaza para el gobierno de Estados Unidos. Eran los engranajes invisibles, los que aseguraban que la cocaína fluyera, que el dinero circulara y que los laboratorios nunca se detuvieran. Su importancia radica en que convirtieron una organización violenta en una multinacional funcional, y su legado, aunque menos documentado, fue igual de decisivo que el de los grandes capos.
A continuación, presentamos este eslabón olvidado del Cartel de Medellín, organizado según su peso específico dentro de la estructura criminal y el impacto real que tuvieron en la consolidación del imperio.
1. Roberto Escobar: El Contador del Imperio
Roberto de Jesús Escobar Gaviria, hermano mayor de Pablo Escobar, fue el encargado de las finanzas y la contabilidad del Cartel de Medellín. Mientras Gustavo Gaviria diseñaba la estrategia financiera a gran escala, Roberto se encargaba del día a día: pagar nóminas, administrar propiedades, controlar gastos operativos y manejar las cuentas ocultas. No era un estratega como Gustavo, pero su capacidad para llevar los libros de una organización criminal que movía miles de millones de dólares anuales lo convirtió en una pieza insustituible. Fue capturado en 1992 y, aunque su figura ha sido eclipsada por la de su hermano, su papel garantizó que el cartel no colapsara por problemas administrativos internos durante sus años de mayor auge.
2. Los Moncada y Galeano: Capitalistas Regionales
Fernando Galeano y Gerardo Moncada fueron dos socios estratégicos que operaban como financistas y administradores regionales del Cartel de Medellín. No tenían el poder de los Ochoa ni la cercanía de Gustavo Gaviria, pero controlaban rutas, proveedores y laboratorios en zonas específicas de Colombia. Su importancia radicaba en que financiaban operaciones locales y manejaban la logística en territorios que Escobar no podía controlar directamente. Su asesinato por orden de Escobar en 1992 —acusados de robar dinero del cartel— desencadenó la creación de Los Pepes, el grupo paramilitar que terminó cazando a Escobar y acelerando la caída del cartel. Su muerte demostró que incluso los socios más leales podían convertirse en enemigos mortales.
3. Los Pablitos: El Círculo de Máxima Confianza
Pablo Emilio Correa y Pablo Arroyave, conocidos como “Los Pablitos”, eran dos hombres extremadamente cercanos a Pablo Escobar. No eran fundadores del cartel, pero llegaron a ocupar posiciones de confianza absoluta. Su función principal era coordinar operaciones, supervisar cargamentos, administrar recursos y servir como enlaces entre Escobar y otros socios. No tenían el mismo peso económico que los Ochoa o Gustavo Gaviria, pero su lealtad los convertía en intermediarios indispensables. Eran los que garantizaban que las órdenes de Escobar se cumplieran sin fisuras, y su presencia en el terreno aseguraba que los envíos llegaran a destino sin contratiempos. Su capacidad para ejecutar órdenes con precisión y discreción los convirtió en parte del engranaje más íntimo del cartel.
4. Evaristo Porras: El Rey de la Coca del Amazonas
Evaristo Porras, conocido como el “Rey de la Coca” del Amazonas, tenía una función diferente al resto de los socios. Mientras otros se dedicaban a exportar cocaína, él aseguraba el suministro de materia prima desde las zonas selváticas. Su papel consistía en garantizar el abastecimiento de pasta base desde las regiones amazónicas, estableciendo contactos con productores locales y creando una red de distribución interna que alimentaba los laboratorios del cartel. Fue uno de los principales proveedores de materia prima durante los primeros años, y su control sobre las rutas amazónicas permitió que el cartel no dependiera exclusivamente de los cultivos de los países vecinos. Sin él, la cadena de suministro del cartel se habría roto antes de alcanzar su capacidad máxima.
5. Gilberto Rendón Hurtado: El Logístico de la Mafia
Gilberto Rendón Hurtado, alias “Mano de Yuca”, fue uno de los hombres responsables de la logística del tráfico de cocaína. Su especialidad era garantizar que la droga llegara desde Colombia hasta los puntos de embarque en la costa y desde allí hacia Estados Unidos. Su capacidad para mover cargamentos masivos sin ser detectado lo convirtió en un activo invaluable para el cartel. No era un líder mediático, pero su eficiencia logística permitió que el Cartel de Medellín incrementara exponencialmente el volumen de cocaína exportada durante la década de 1980. Su habilidad para coordinar transportes terrestres, marítimos y aéreos fue uno de los factores que diferenciaron al cartel de otras organizaciones criminales de la época.
6. Juan Matta-Ballesteros: El Aliado Internacional
Juan Ramón Matta-Ballesteros, aunque era hondureño y tenía su propia organización, fue un aliado estratégico del Cartel de Medellín. Su importancia radicaba en las rutas por Centroamérica, la protección logística, las conexiones internacionales y el transporte hacia México y Estados Unidos. Matta-Ballesteros era el puente entre Colombia y el mercado norteamericano, y su capacidad para mover cocaína a través de Honduras, Guatemala y México permitió que el cartel diversificara sus rutas de exportación. Fue una pieza clave para la expansión internacional del negocio, y su red de contactos en Centroamérica y México se convirtió en una extensión natural de la logística del Cartel de Medellín.
7. Mario Henao Vallejo: El Cuñado Discreto
Mario Henao Vallejo, alias “Paco”, era cuñado de Pablo Escobar. No era un jefe militar ni un estratega financiero, pero su papel estuvo relacionado con negocios familiares, inversiones, apoyo logístico y administración de propiedades. Mantuvo un perfil muy bajo y aparece con menor frecuencia en las investigaciones públicas, pero su cercanía con Escobar lo convertía en un enlace confiable para operaciones que requerían discreción. Su función principal era garantizar que los activos del cartel —propiedades, empresas y cuentas— estuvieran protegidos y que los negocios familiares no fueran vulnerables a investigaciones externas. Fue capturado el mismo día que Escobar fue abatido, en diciembre de 1993.
8. Jaime Gaviria: El Primo y Hombre de Confianza
Jaime Gaviria, primo de Pablo Escobar, es mencionado en diversas publicaciones como hombre de confianza y enlace en algunos negocios y relaciones públicas del entorno de Escobar. Aunque la documentación sobre sus funciones específicas es mucho más limitada que la de Gustavo Gaviria, su presencia en los círculos más cercanos a Escobar indica que formaba parte del núcleo de confianza. No era un estratega ni un financiero, pero su papel como intermediario y enlace permitía que las órdenes de Escobar se comunicaran sin necesidad de que el líder se expusiera directamente. Su perfil bajo y su cercanía familiar lo convirtieron en un activo de confianza para operaciones que requerían discreción absoluta.
Conclusión: Los Engranajes del Imperio
El Cartel de Medellín no fue solo obra de sus líderes visibles. Fue una máquina perfectamente engrasada donde cada socio cumplía una función específica: algunos financiaban, otros movían la droga, otros aseguraban la materia prima, otros lavaban el dinero y otros mantenían las cuentas en orden. Sin ellos, la estructura se habría derrumbado mucho antes de que la DEA lograra infiltrarse. El verdadero poder del cartel no residía únicamente en la violencia de Escobar o la estrategia de Gaviria, sino en la capacidad de estos hombres para convertir una red de contrabandistas en una organización criminal con alcance global. Su legado, aunque menos documentado, fue igual de decisivo que el de los grandes capos, y su desaparición marcó el inicio del fin del imperio más poderoso que haya conocido el narcotráfico.
Las fuentes que revelan la conformación del Cartel de Medellín
- José Guarnizo (autor). La Patrona De Pablo Escobar – Vida y Muerte De Griselda Blanco. (Ed. Planeta); páginas (27-32); Fecha [1 Enero 2013].
- Raul Tacchuella (autor). El Fundador: La Historia del Innovador y Excéntrico Narcotraficante que dio origen al Cartel de Medellín (El Patrón nº 1). (Ed. Kindle); páginas (11-20); Fecha [4 marzo 2020].
- El rostro cambiante del crimen organizado colombiano. [PDF file]. Páginas (1-15); fecha [septiembre del 2009]; Jeremy Mcdermott: Autor. Recuperado de:
https://library.fes.de/pdf-files/bueros/la-seguridad/11053.pdf - El narcotráfico en Colombia. Pioneros y capos. [PDF file]. Páginas (1-27); fecha [nd]; Adolfo León Atehortúa y Diana Rojas Rivera: Autor.
